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martes, 4 de mayo de 2010

La historia de una zoofílica

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Comenzaré presentándome, me llamo María del mar, soy bastante normal, no destaca ni mi altura ni ningún rasgo de mi físico, pero en general me considero atractiva o al menos es lo que me dicen. Tengo el pelo castaño oscuro y ojos marrones, mis pechos son algo pequeños pero a su vez firmes y bien formados. Respecto al cuerpo, soy bastante delgada, la verdad es que me cuido bastante; hago ejercicios a diario e intento comer comida sana, aunque eso es lo que más me cuesta.



Tengo 23 años aunque la historia que voy a contar sobre mis comienzos, es de hace algunos años, cuando tenía unos dieciocho y vivía con mis padres a las afueras de una gran ciudad. La casa era bastante grande, tenía dos plantas y un gran jardín custodiado por un hermoso pastor alemán de pelo largo llamado Roky (ese nombre se lo puso mi hermano, pero como yo lo odiaba, lo llamaba Roc)



Por las tarde pasaba bastante tiempo sola ya que mi madre había empezado a trabajar en la empresa de mi padre en la ciudad y tenía un solo hermano mayor que yo, que casi nunca estaba en casa y que cuando estaba en casa no salía de su habitación. El caso es que a eso de las 4 de la tarde, la casa se quedaba desierta hasta más o menos las nueve y media en que volvían mis padres y mi hermano.



Con tanto tiempo libre me aburría bastante, así que salía a pasear con los perros, chateaba con mis amigas, y cuando no, cotilleaba las cosas de mi hermano. Una tarde fui a mirar el ordenador de mi hermano y empecé a buscar en las carpetas videos guarros cosa que sabía que tenía pues no era la primera vez que lo había visto en su pc.



El caso es que abrí uno de los videos y quede totalmente sorprendida cuando, de repente, apareció una chica montándoselo con su perro… Quedé totalmente horrorizada, en aquel momento me pareció algo despreciable, pensé que no podía ser ser, que sería un montaje. El caso es que lo cerré y no le di más importancia, pero unos cuantos días después me seguía preguntado que si eso podía ser real. Era la primera escena de zoo que había visto.



Luego decidí indagar un poco más, y de nuevo fui al cuarto de mi hermano en una tarde solitaria en busca de aquel video, pero ya no estaba, lo busque durante casi una hora sin éxito, definitivamente lo había borrado.



Decidí desistir y fui a dar una vuelta con mi perro por el barrio, y me preguntaba, mientras miraba a Roc, en que pensaba la chica del video para atreverse a hacer eso con su perro, cosa que me daba a la vez risa y repulsión. Pensaba en si eso sería posible, pero jamás se me pasó por la cabeza hacer tal cosa. Y si se me hubiese ocurrido hubiera descartado la idea al momento.



Siempre he sido bastante abierta en cuestión de sexo, perdí mi virginidad a los 18 años con un chico bastante mayor que yo, al que mis padres amenazaron diciendo que iban a denunciar si se acercaba a mí. Por supuesto, ni se imaginaban hasta donde habíamos llegado, ya que para mis padres soy una inocente y correcta chica. Les decía, yo nunca he tenido tabúes en el sexo, a pesar del cuidado de mis padres con ese tema. Yo me he apoyado en primas mayores que me explicaron en su día algunas cosas sin ningún tipo de reparo, pero incluso con esa amplitud sexual la zoofilia se salía de todos mis márgenes, era totalmente desconocido y por aquellos entonces repulsivo.



Así que pasaron bastantes meses, y visto que no era capaz de quitarme aquellas imágenes de la cabeza, empecé a curiosear en internet. Puse en un buscador “chica con perro cariñoso” aún me río cuando lo recuerdo, ya que en ese momento la palabra zoofilia no estaba en mi diccionario. Buscando y buscando vi varias imágenes de mala calidad y escasa veracidad, sobre todo los anuncios que salen en pequeños, también encontré un foro que decía de la existencia de un canal de charla en el irc sobre zoofilia, después de mes y medio que tarde en aprender a manejar el irc, al fin lo conseguí.



Un día desde el ordenador de mi cuarto accedí al canal, allí había unas doce personas, que lo primero que me preguntaban era qué me follaba, y cuando les decía que nada, dejaban de hablarme. En su gran mayoría eran tíos, pero le mande un privado a una chica, Susana de Nick, y le dije que si le importaba que le hiciera algunas preguntas, a lo que ella respondió que estaría encantada.



Le pregunte qué sentía, que por qué lo hacía, que cómo había llegado a eso. Ella me contestó que no lo hacía por desesperación o enfermedad mental ni mucho menos, si no por placer, que no había placer como el que se siente con un perro. Esas palabras comenzaron a cambiar mi forma de pensar. Seguimos durante horas ella respondía todas mi preguntas gustosamente.



Después de esa conversación bastante calenturienta e intrigante, empecé a masturbarme ya que estaba a mil con la conversación. Fue ahí cuando dejé de ver el zoo como algo asqueroso y empecé a masturbarme fantaseando con mi perro e imaginando las sensaciones que me había contado Susana.



Aunque todo eran fantasías, se convirtió en el tema casi obsesivo de mis masturbaciones, también mantenía relaciones esporádicas con un chico pero como bien me dijo Susana son cosas diferentes.



Así fueron pasando los meses y llegó el verano y con ello las vacaciones, que era cuando tenía todavía más tiempo para buscar en internet. En un foro, escribí solicitando paginas que no fueran de pago y que contuviera videos del tema. Fue otra chica la que de nuevo me ayudó, me mando un privado solicitando mi correo, y posteriormente enviándome uno de los mejores video de zoo que he visto hasta la fecha, lástima que en aquellos entonces borraba todo lo que descargaba tras verlo por miedo a que alguien lo viera como yo hice con mi hermano en su día.



La chica en cuestión se llamaba Almudena y quedo bástate sorprendida cuando le dije que llevaba más de un año fantaseando y que aun había hecho nada, me dio algunos consejos bastante útiles para cuando estuviese lista lo que yo agradecí bastante.



Así que un día sin ni siquiera pensarlo di un paso más, me acababa de dar un baño en la piscina y justo cuando salía del agua mi hermano salía de casa diciendo que le dijera a papá y mama que no volvía a cenar, que llegaría tarde. Así que me senté en una silla para terminar de secarme. Roc vino al momento alegre a saludarme, y a lamer mis piernas pues solo tenía puesto el bikini de baño. Separé un poco mis piernas y empezó a olisquear por la zona de la entrepierna, así que me no pude aguantar y decidí que ya iba siendo hora de algo más, me levante y fui debajo de un pequeño toldo en donde estaría oculta en caso de una visita imprevista. Allí me senté en otra silla, separe las piernas y con el corazón latiéndome a mil me aparte con los dedos la parte de abajo del bikini hacia un lado dejando toda mi vagina al descubierto, Roc se acercó sin prestar demasiada atención, así que me di unos leves tortacitos en mi vagina, esto fue suficiente para captar su atención marcándolo como un objetivo, Roc se fue directo y empezó a lamer.

Un inmenso placer me recorrió el cuerpo, sin darme cuenta arqueé mi cintura desplazando mi vagina mas al exterior de la silla para facilitarle el trabajo a Roc. Podía notar cómo mi vagina se calentaba más y más, y sentía todo el recorrido de su lengua ya que hacía algún tiempo antes empecé a depilarme por completo mi vagina. Mi rosada vulva se mezclaba con su intensa lengua roja.



Guié mi mano derecha entre su hocico y mi clítoris para después separar con dos dedos mis pequeños labios exteriores, dejando todo el esplendor de mi vagina a su lengua; no tardó en intensificar sus lengüetazos, que me llegaban hasta lo más profundo de mi cuerpo, y solo bastaron un par de lamidas para hacerme desvanecer en un intenso orgasmo.



Me incorpore quedando sentada en la silla y esperando que mis gemidos, aunque controlados, no hubiesen sido escuchados por los vecinos. Después me quedé reflexionando en lo que había hecho y me sentí algo mal. Por otra parte, Roc no paraba de olfatearme con ganas de más, así que me fui para dentro de la casa y me di un largo baño volviendo a pensar en lo que había hecho y que por qué debía de sentirme mal si había sido el orgasmo más intenso de mi vida. Cuando recordaba ese momento, sentía de nuevo cómo explotaba de placer, con qué fuerza me aferraba a la silla con la mano izquierda mientras mis piernas se cerraban entorno a la cabeza de mi perro para después estallar en un orgasmo bestial.



Tras tanto pensar, me salí del baño dispuesta a repetirlo, quería sentir otro igual, pero ya era tarde y mis padres estaban por llegar y aunque siempre se escucha la cochera de abrirse, no quería sorpresas, así que volví a encerrarme en el baño y me alivie masturbándome con el mango de un cepillo bastante apropiado.



Por la noche no paraba de darle vueltas, y aunque exhausta por la tarde que había tenido me relaje escuchando música, y pensando en cuando lo repetiría. A la mañana siguiente cuando me levante fui a desayunar y mi madre me dió la noticia de que ese día llegaban mis primos u que estararían una semana, (me lo había dicho hacía un mes pero lo había olvidado por completo) así que me di cuenta de que no iba a volver a sentir la lengua de Roc hasta dentro de una semana.



Al final la semana, que se convirtió en 15 días, nos fuimos con ellos a la costa otros 15 días, salía con mi prima y me lo pasaba bastante bien, por supuesto no hablé del tema con ella ni con nadie (hasta el día de hoy sigo sin hacerlo)



Cuando por fin volvimos a mi casa y por fin volvimos a la rutina, dediqué mi tiempo a que el pequeño recuadro del jardín techado se convirtiera en nuestro lugar favorito. Yo seguía preocupando de que mis jadeos se oyeran más allá de lo debido, así que cambiamos de lugar y nos metíamos en un pequeño sótano que se usaba de trastero, había un sofá viejo que sostenía mi cuerpo en innumerables orgasmos. Solo dejaba que me lamiera por miedo a su bola que había leído en internet que te podías quedar pegada a él cosa que no quería.



Fueron varias sesiones de sabrosa lengua, a lo largo de unas semanas, aunque como siempre veía que él se quedaba con ganas de más, un día decidí poner mi mano en forma de hueco e introducir su pene en el hueco de mi mano, para que así el disfrutara. Fue increíble, aunque ya había visto su pene fuera de su funda algunas veces, nunca como esa vez. Empezó a moverse como loco se subió en mi rodilla y me tiro al sofá sentada y moviéndose sobre mi rodilla, a su vez yo le pajeaba. Él empezó a chorrear una sustancia blanquecina más clara y liquida que el semen del hombre. Yo ardía ya para entonces, tenía su bola formada y no paraba de lanzar pequeñas salpicadas de ese liquido que tanto aprecio ahora.



Escuche la cochera y me di un susto de muerte, me dio tiempo para salir tranquilamente del trastero y a Roc a volver a enfundar su pene, pero ese momento me acojono bastante, así que todo quedo ahí.



Ya a mediados de verano las ocasiones iban disminuyendo ya que mis padres pasaban más tiempo en casa, así que la cosa se reducía a alguna lamida de vez en cuando. Hasta que un día mis padres me dijeron que se iban una semana al apartamento de la playa, mi hermano estaba en el extranjero, así que iba a estar una semana sola a lo que mis padres les costó asimilar. Argumentaron que era joven para quedarme sola en casa, ya tenía casi 18 años pero cosas de mis padres…



El caso es que ya tenía bastantes planes para esa semana y uno de ellos, el más importante incluía a Roc. A la mañana siguiente despidiendo a mis padres, lo último que dijo mi madre fue que no dejara entrar a Roky en la casa, “claro mama, claro” respondí yo, dibujando una leve sonrisa en mi cara.



Nada más irse, me puse a ver la tele. Por su puesto dejé la puerta del jardín abierta con lo que Roc inmediatamente entró y se tumbó en el suelo a mi lado. Dejé pasar un par de horas por si mis padres se volvía a por algo olvidado, el corazón le latía a mil, por las cosas que tenía pensado hacer, ¿me dolerá no me dolerá?, ¿me entrara toda?, hasta ese momento lo más lejos que había llegado era dejar que me lamiera y fue fantástico, así que en el trascurso de un par de horas llamé a mis padres con la excusa de preguntarle donde estaba algo con el fin de confirmar que ya estaban allí.



Cuando confirmé que estaban lejos, me libere de mis braguitas quedando solo con una camisa larga, separe mis piernas y empecé a masturbarme. Roc se levantó y metió su hocico entre mis piernas, debió extrañar un poco el sitio pues estaba habituado en el trastero o en el jardín pero no pareció disgustarle el salón.



No tardé en sentir su lengua en mi vagina, mis muslos ya presionaban su cabeza y Roc más intensamente lamía y un sonido algo ruidoso delataba que yo cogía aire de una forma desesperada. No tardé mucho en llegar al orgasmo, pues su lengua una vez más volvía a llegar hasta donde no llega ninguna otra, lo cual se tradujo a un orgasmo con ya unos despreocupados gemidos. Tomé unos segundos para relajarme y coger fuerzas pues decidí que ya era hora de hacer realidad mis fantasías y sin pensarlo dos veces, me levanté del sofá y me arrodillé en el suelo y me incline hacia delante, aún se me acelera el corazón al recordarlo así que, imagínense, en aquel momento me temblaba todo.



Roc no tardó demasiado en entender mi postura y enseguida tras un leve olfateo comenzó a trepar. En ese momento recordé que no le había puesto los calcetines de lana como me recomendó Almudena pero ya era demasiado tarde mi excitación no me permitía pensar en nada de eso, solo quería sentir su pene dentro de mí, sentir su semen recorriéndome. Empezó a dar leves embestidas sin tener mucho acierto, bajándose al momento, yo lo alentaba con voz suave y entrecortada. Otra vez se volvió a subir y yo, en la postura de perrita, miraba con mi cabeza entre mis piernas una leve punta roja intentando hacer diana, así que, como había visto en muchos videos, la agarré con mi mano y la guié hacia la entrada de mi vagina para que me penetrara. En cuanto notó el calor de mi vagina dio una tremenda embestida que me hizo apoyar la mano que guiaba su pene en el suelo para poder aguantar,



Daba enormes sacudidas que, aunque dolían un poco, eran tremendamente placenteras y de repente se salió, yo estaba descontrolada la quería otra vez dentro quería que se corriera dentro, no paraba de gemir incluso cuando no me penetraba,



Así que se volvió a subir y yo la agarré firmemente, esta vez no era solo una puntita roja era algo más, aunque todavía no estaba en todo su esplendor. Lo volví a guiar hasta la entrada aunque esta vez fue más brusco ya que su pene era algo mayor y su bola se estaba empezando a hinchar, esta vez me dio tal embestida que me desplazo hacia delante, intente incorporarme ya que me dolía bastante pero no podía parar, tanto placer me tenía sin fuerzas, notaba su pene dentro de mí hinchándose más y más, y su bola en mi interior y yo no paraba de gemir descontrolada, ya no pensaba si me dolía o no, solo disfrutaba como nunca.



No podía decir nada, solo gemía hasta que de repente, pararon las embestidas y ambos nos relajamos un poco, sentía palpitaciones no sé de donde procedían, si de mi vagina o de su verga, pero supongo que sería de su pene. Sentía cómo se vaciaba dentro de mí. Pensaba en hasta cuando estaría abotonada a él, no había suficiente aire en el salón para mí, sólo respiraba a bocanadas entre gemido y gemido de pronto Roc empezó a tirar, yo le decía Roc no, quieto, y conseguía contenerlo, yo volví a tener otro orgasmo sintiendo su pene dentro de mí y sabiendo que me estaba inundando con su semen.



De nuevo empezó a tirar y esta vez no bastó el “quieto Roc” tiró bastante fuerte, moviéndome a mí también así que yo apreté un poco los músculos de mi vagina para intentar expulsar aquella tremenda verga y su bola. Sonó un ploff y me giré quedando tumbada en el suelo viendo su verga; era increíble que haya tenido eso entero adentro. Cuando vi el nudo me toqué para ver como estaba, noté cómo recorría su semen mis paredes buscando una salida, así que como pude me puse en cuclillas y volví a apretar mi vagina, salió una cantidad enorme de semen, no daba crédito a tal cantidad, y con mi mano puesta notaba como poco a poco mi agujerito tomaba su tamaño original.



Esa semana fue increíble le dejaba que me montara todos los días incluso dos y tres veces al día, no siempre quedaba abotonada, la verdad es que lo conseguí el primer día y después no lo volví a lograr hasta el tercero, pero es lo más placentero que existe sentir cuando te libera y la cantidad de semen que brota de mi vagina,



Siguió pasando el tiempo y llegue al punto de que mantenía relaciones completas con mi fiel amante Roc, llegué a practicar sexo oral, me tragaba su semen, me encantaba, también tuve una relación formal con un chico durante un año y medio y jamás le conté nada, ni sospechó nada, pero al final me fui de casa para estudiar en la facultad, y ahora vivo de alquiler con dos compañeras más, así que como al principio solo me queda la imaginación pero esta vez recordando las experiencia propias.



De vez en cuando voy a mi casa pero ya es más difícil, además Roc está ya algo mayor

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martes, 5 de enero de 2010

El boy

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 Tenía yo 27 tacos, ganas de ganar dinero y se me ocurrió ponerme en contacto con una agencia de chicos. Quedé con el dueño para una entrevista, charlamos, me preguntó por que no me dedicaba a los hombres que había más trabajo, le dije que no que no me interesaban, que no estaba tan necesitado. Me hizo desnudarme, y masturbarme. Cómo le convencí totalmente, me puso el primero de la lista. Me comentó que las principales clientas eran señoras extranjeras en los hoteles y despedidas de soltera en chalets de la sierra donde íbamos varios chicos y chicas de otra agencia de una amiga, hacíamos un show en directo y luego ya negociabamos allí si querían algo más con la novia, o alguna en particular, o todos en conjunto.

El sábado siguiente me llamó para una despedida en Las Rozas, íbamos una chica, otro chico y yo, teníamos que pasar por el local para que nos diera las señas , recoger preservativos que siempre nos proveía y conocer a los otros chicos. Allí me presenté a las once de la noche pensando en donde me había metido, que pintaba yo en todo eso, si no daría la talla, si me iba a poner nervioso, imagínate. Pero cuando vi al otro chico, Diego, se me subió la moral, no era ni para tirar cohetes, un tio normal, un poco cachas pero nada del otro mundo, yo modestamente le daba mil vueltas.

Vicky, la chica, terminó de subirme la moral, era argentina, muy guapa de cara, con su pelo caoba, muy risueña y habladora y aunque menuda tenía un cuerpo de escándalo. En seguida congeniamos, comenzó a piropearme y a darme ánimos, prometió ayudarme en todo en mi primera vez. Yo no paraba de pensar que en apenas unas horas estaríamos desnudos follando como locos delante de unas chicas, lo cual me provocaba una mezcla de morbo y nerviosismo muy agradable.

En el coche comenzó a explicarme con total naturalidad, Diego ya había hecho más sesiones con ella , que es lo que íbamos a hacer: Al ritmo de Joe Cocker en Nueve semanas y media comenzaría un streap-tease entre nosotros dos a la vez que nos iría desnudando y tocando lentamente mientras nosotros acariciabamos su cuerpo. Insistió mucho en que mirásemos a las chicas a los ojos mientras lo hacíamos, como si fuera a ellas, que eso las ponía muy cachondas.

Luego ella iría tomando la iniciativa improvisando según como nos fueramos excitando. Yo te puedo jurar que ya estaba totalmente excitado en el coche. Y me advirtió que estuviera muy pendiente de sus gestos e indicaciones al oído...

Por fín llegamos al chalet. Mis piernas comenzaron a temblar sin poder remediarlo. Vicky me cogió de la mano. Dentro nos esperaban seis chicas más nerviosas que yo. Las presentaciones las hizo la dueña de la casa, una morenaza de quitar el hipo, esta si tenía mucha sangre fría y una mirada que te desnudaba. Nos presentó a la homenajeada, una chica menudita, muy risueña y cortada. Las otras chicas tambien eran muy majas, se mantenían en un segundo plano, cuchicheaban y se reían entre ellas.

Nos invitaron a una copa, charlamos un rato de trivialidades y por fin nos dedicamos a lo nuestro. Todo marchaba según lo previsto, comenzamos el streap-tease, la verdad es que nos estaba quedando bastante bien y sin haber ensayado, yo copiaba en todo a mi compañero. Poco a poco nuestras ropas fueron desapareciendo, la poca luz del salón daba un toque de sensualidad sobre nuestros cuerpos. Al final de la canción quedamos los dos de pie en ropa interior y Vicki de rodillas en el suelo con sus manos en nuestros sexos. Las chicas aplaudieron y nos jalearon entre risas, la morena era la que más nos azuzaba:- Vaya culos! Eso si que son paquetes!

Vicky comenzó a masturbarnos sobre la tela yo fije la vista en los ojos de la morena. La tía no me sacaba ojo de encima, parecía que era ella la que me estaba sobando la entrepierna. Entre su mirada lasciva y la mano de Vicky mi cuerpo comenzó a reaccionar poderosamente. Vicky me miró y me guiñó un ojo sonriente. -Daros la vuelta- susurró. Le hicimos caso y ella se puso tambien frente a nosotros. Comenzó a bailar frente a cada uno de nosotros a la vez que nos bajaba el slip. Una vez quitado se llevó nuestros miembros a la boca, primero uno y luego el otro. La pitada fué sonora: -Daros la vuelta, ehhhh, queremos ver! Los dos al unísono nos giramos con nuestras pollas totalmente tiesas apuntando a las chicas. Como puedes suponer, algarabía general, la que no abría los ojos como platos, los cerraba y se tapaba con las manos. Pero en seguida todas estaban como hipnotizadas sin pestañear viendo como Vicky nos acariciaba de arriba abajo y nos chupaba con destreza.

Yo estaba cachondo como un semental, con una tía amorrada a mi polla y otras seis contemplando el espectáculo, te puedes imaginar. Yo no podía retirar los ojos de la morena, su mirada me hipnotizaba, era como si sintiera sus labios sobre mí, era una mirada que te follaba, no había sentido eso nunca. Vicky paró de comérnosla y tirando de nuestras pollas nos llevó hasta las chicas: -¿Alguna se anima? ¿La novia quiere probar? dijo acercándolas a su cara y golpeándole las mejillas con ellas. La chica rehusó entre risas, como haciendo ascos. -Vamos, ¡que se la chupe, que se la chupe, que se la chupe!, cantaban sus amigas excitadas. Ella escondía su cara colorada entre las manos diciendo que no, sus amigas insistían una y otra vez. Poco a poco su resistencia iba desapareciendo hasta que lenta y tímidamente se atrevió a cogerlas en sus manos. Unas manos dulces, suaves y cálidas que pusieron nuevamente en guardia nuestras herramientas. Al final conseguimos arrancarle un besito en la punta de nuestros capullos, un beso tierno y casto si se puede considerar así un beso en esa parte.

Vicky comenzó a vacilar un poco con ella, que si ella se lo perdía, que era su última oportunidad de probar otras pollas, que se arrepentiría toda su vida... Con sus manos aferradas a nuestros sexos se pasó por todo el grupo como ofreciendo un micrófono a ver si alguna se animaba. Yo estaba deseando que la morena de mis sueños se lanzara a por ella pero no, cuando me di cuenta estaba siendo succionado ferozmente por otra de las chicas, una rubita con muchas tetas en la que no me había fijado especialmente. Joder la niña que boca, no se cortaba un pelo, sus amigas y nosotros estábamos alucinando. Vicky le sacó mi polla de la boca y le introdujo la de Diego. -Deja un poco para mí dijo y continuó ella en primer plano pegada a las caras de las chicas boquiabiertas.

De nuevo nuestra compañera haciendo de maestra de ceremonias nos llevó hacia el centro del salón y se tumbó en la mesa baja mientras decía -¡comedme! Diego se lanzó a por sus tetas y yo bajándole el tanga me entregué totalmente a su coñito sabroso, dio la casualidad que cada vez que levantaba la vista me encontraba con los ojos de mi amiga la morena que no perdía detalle. Yo comencé a mirarla como dedicándole la comida a ella. Me propuse ponerla nerviosa con mis miradas a la mujer de mirada morbosa e inquietante.

Vicky se levantó y tumbó a Diego en la mesa, tras ponerle un preservativo se sentó sobre él y comenzó a cabalgarlo. Yo de pie acerqué mi polla a sus labios y me dejé hacer. Continuaba mirando con deseo a la chica de mis sueños como queriendo traspasar su boca lujuriosa. -Esta no se me escapa- me dije a mí mismo.

Las chicas, excitadas no perdían detalle de la escena que se desarrollaba a escasos palmos de ellas. La temperatura en el salón aumentaba por momentos. Sólo se oían nuestros jadeos y los gemidos de Vicky cada vez que saltaba sobre la polla de Diego. Ahora era mi turno, nuestra compañera se levantó, me tumbó a mí en la mesa y con destreza me colocó un preservativo con la boca. De espaldas a mi se sentó sobre mi polla con sus piernas bien abiertas de frente a las chicas.

- ¿Alguna quiere ser la siguiente en ser follada? -dijo Diego paseándose rampante delante de ellas. De nuevo las risas, las miradas, los empujones, todas lo deseaban pero ninguna se atrevía a dar el primer paso. Diego se acercó a la más atrevida que antes había jugueteado con nosotros y tomándola de la mano le ayudó a levantarse. Ella, remoloneando y haciéndose la sorprendida, se resistía sin fuerza entre risas. Diego tomó su mano y la llevó a su polla. No hizo falta insistir mucho pues ella se aferró al instante al instrumento.

-¿Quereis ver cómo me follo a vuestra amiga? dijo Diego mientras sus manos acariciaban sus tetas voluminosas y su trasero. -Venga Elena, fóllatelo, gritó la morena, aprovecha la ocasión, dijo entre risas. Elena sin apenas darse cuenta por la excitación ya estaba casi desnuda. Diego había sacado uno de sus pechos por encima del sujetador y lo estaba saboreando en su boca. Ya le había bajado los vaqueros hasta media pierna y sus manos exploraban bajo sus braguitas.

Las chicas observaban absortas con envidia a su atrevida amiga que ya perdido el pudor del primer momento se había lanzado de lleno a la lujuria. Diego la tenía de pie contra la chimenea follándola por detrás mientras con sus manos masajeaba sus cimbreantes tetas. Elena no paraba de gemir excitada. Al observar la escena, azuzado por ella, agarré a Vicky por las nalgas y elevándole los muslos en el aire comencé a bombearla impetuosamente digno de la mejor escena porno. Ella se recostó sobre mi pecho, su cabeza junto a la mí y me susurró al oído: -Sigue así Pedro, que rico, me estás matando. Mientras con sus dedos se masturbaba fieramente.

-Quiero darte por detrás- susurré mientras me escabullía. De pié los dos, me puse tras ella, entrando en su cuerpo con facilidad, agarré sus brazos llevando sus manos a mi culo donde clavó sus uñas para espolearme más. Así, en esta posición, podía contemplar a nuestras amigas, sus rostros, presos de la excitación, sus miradas de deseo. Me concentré de nuevo en la morena, cada una de mis embestidas iba dedicada a ella, la estaba follando con la mirada.

Ella estaba sentada al borde del sofá de tal manera que sus amigas no podían advertir que había bajado una mano hacia su entrepierna y comenzado a acariciarse disimuladamente mientras clavaba sus ojos inyectados en lujuria en mí...

- Me quiero follar a la morena, ayúdame. Susurré en el oído de Vicky mientras le embestía con furia.
- Tranquilo, ya la tienes, mírala, te come con los ojos. Está a punto de caramelo, mira como se toca.

Vicky tenía razón, la chica estaba totalmente absorta, sus piernas entreabiertas, su mano recorría su entrepierna sobre su vaquero. Me separé súbitamente de Vicky y me acerqué a ella con el arma cargada. La tomé de la mano levantándola del sofá. Con mi mano abarcando todo su culazo la atraje hacia mí y la bese golosamente en la boca.

Ella se pegó a mí como una lapa de tal forma que sus muslos aprisionaban mi polla y comenzó a moverse sensualmente, frotándose contra mí. Sus manos suaves y cálidas acariciaban mi espalda y bajaban hasta mi culo.

-¿Quieres que te desnude? pregunté. -Lo estoy deseando, susurró con ojos brillantes de deseo. Ven.

Me tomó de la mano y me sacó del salón escaleras arriba hasta llegar a un dormitorio. Una vez allí se abalanzó sobre mí, comenzó a besarme, mejor dicho a comerme, sus manos recorrían todo mi cuerpo con avidez y desesperación. -Quiero que me folles, quiero que me trates como una guarra, soy tu puta, destrózame, vamos, no tengas piedad, hazme todas las guarradas que quieras, fóllame como te follabas a tu amiga.

Mientras decía esto se arrodilló y se apoderó de mi polla con su boca. Yo estaba fuera de mí, sus palabras resonaron en mi mente sacando el animal que había en mí. La levanté de nuevo, arranqué su blusa haciendo saltar los botones. Le di la vuelta pegándome a ella por la espalda. Mientras mordía furiosamente su nuca, con mis manos soltaba sus pantalones y las deslizaba por dentro, sobre sus muslos comenzando a bajarlos. Estábamos sudorosos y acalorados, jadeantes. Ya la tenía casi desnuda, solo sus braguitas realzaban su cuerpo elástico de niña bien.

La tiré de espaldas en la cama, con mi manaza agarré su braguita y se la arranqué de un tirón. -Ya eres mía, zorra, te voy a hacer disfrutar de lo lindo, prepárate que te voy a follar como nunca lo han hecho esos niñatos con los que sales. No te vas a poder sentar en una semana. Mientras decía esto levanté sus muslos y tiré de ella atrayéndola hacia mí, abrí bien sus piernas y hundí mi boca en su rajita, la tome fuertemente por la cintura y la levanté en volandas boca abajo.

Ferozmente, comencé a devorar su coño que sabía a gloria, ella se aferró a mis caderas para no resbalar y comenzó a lamer mi polla, en una posición de 69 de pie de lo más difícil, pero excitante. Sacando fuerzas de no sé donde, espoleado por la situación, le di la vuelta en el aire todavía hoy no sé cómo y me deslicé dentro de ella. Comenzó a jadear como una perra en celo agarrada a mi cuello y mordiendo mi boca yo dejaba caer su culo sobre mi polla una y otra vez embistiéndola cada vez más profundamente.

-¿Te gusta que te follen así, guarrilla, te encanta que te empalen?, a que sí. Le gruñí al oído. -Sí, clávamela bien al fondo, joder cómo te siento, me encanta. Mis piernas comenzaron a flaquear y la dejé caer sobre la cama. Agarré su cabeza y la llevé hacia mi polla. -Vamos, cómetela, saboréala, está llena de tus jugos, déjala bien brillante, así, me gusta tu boca, sabes cómo usarla, se nota que te has comido muchas pollas, a que sí mi putita -Sí, dámela toda, quiero comérmela, ummmmmmm, me encanta como sabe.


-Vamos perrita, ponte a cuatro patas, enséñame ese coñito jugoso, te voy a perforar, dije mientras me subía de pie sobre la cama y doblando ligeramente las rodillas me introduje de nuevo en su sexo salvaje. Comencé a saltar brutalmente follándola sin descanso. Ella gritaba como una posesa, agarrada a mis tobillos. Mis manos se clavaban sobre su grupa y cabalgaba ciegamente. Mi amante se desplomó de bruces sobre la cama. Yo pegué mi cuerpo al suyo, cogí sus manos con las mías y separé sus brazos de su cuerpo sin parar de follarla, nuestros sexos eran puro fuego. Me sentía totalmente dentro de ella, llegando hasta el final, su vulva se cerraba sobre mí en un abrazo espasmódico. Su culo me empujaba hacia atrás como queriendo meterme más y más dentro de ella. Sus gritos se volvieron aullidos primero y luego gemidos de placer. Cayó totalmente extenuada sobre las sábanas con la respiración entrecortada y sin aliento.

No sé el tiempo que estuvimos allí pero los asaltos fueron continuos y brutales. Al final salimos de allí totalmente escocidos pero satisfechos y con un buen dinerito en el bolsillo. Claro que también lo hubiese hecho por placer.

Esta historia es de un amigo de facebook,  Boquita de Beso. Muchas gracias por tu histora

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jueves, 31 de diciembre de 2009

un correo caliente

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Este es un mail que recibí hace unos días

Desde hacía varios días que veía a Augusto y me daba cuenta de que me encantaba. Estaba con novio, pero lo único que podía imaginar era estar con él, besarlo, tocarlo, sentir su piel y todo su cuerpo sobre mí. Estaba obsesionada con su sola presencia, lo veía, me embobaba, no podía apartar mis pensamientos de él. Me ponía tan tonta cuando lo veía, que se me aceleraba el ritmo cardíaco y hasta llegué al punto de escribirle cosas hiper cursis, de las cuales ahora me arrepiento.

Él me miraba y me perturbaba. Sabía lo que hacía, y por eso lo hacía. Una noche de aquellas en las cuales su presencia invadía mi cabeza, soñé con él. Mis sueños son bastante confusos normalmente, pero éste era más claro que el agua. Estábamos en el lugar donde solemos cruzarnos, charlabámos animadamente. De repente, mis manos rodearon su cuello y mi boca se juntó con la suya en un beso muy mojado. Él me arrojó contra una pared y llenó mi cuello con sus besos, a tal punto que sentía mi cara enrojecer, mi vagina mojarse, mis pezones endurecerse. Él lo notaba, y apretaba mi cuerpo más y más, me arrancaba la ropa... Y en la mejor parte, me desperté.

Los días pasaron, las miradas seguían y una tarde de esas, se me ocurrió pedirle su número de celular. Se acercaba el fin de semana y mi excusa perfecta era juntar a mi grupo con el suyo y pasar un momento agradable. Él aceptó sin ninguna objeción mientras me lanzaba miradas enigmáticas, como si supiera de mi sueño, el cual llenaba mi cabeza todos los días.

Llegó el fin de semana y finalmente nos vimos. Como él no sabía la dirección, me ofrecí a esperarlo en un lugar y después irnos hasta el departamento de mi amiga. Tengo que recalcar que para ese momento, había tomado mucho, y no me importó saber que estaba en pleno centro, así que le encajé un beso. Ay, por Dios, qué beso. Creo que nunca en la vida, besé a alguien con tantas ganas. Quería pasar a asuntos mayores sí o sí, pero me acordé que estaba en la calle y que su amigo estaba parado a nuestro lado, observando la situación. "Vamos", dije y lo tomé de la mano. Augusto iba unos pasos delante de mí, así que tuve tiempo de observarlo detenidamente. Llevaba pantalón de jean, remera, camisa, zapatillas, todo desprolijamente ordenado. Pelo castaño claro revuelto, en su mano un cigarrillo. Ojos marrones, pestañas encorvadas, Boca roja, hermosa, que me llamaba a hacer bastantes maldades. Seguimos caminando, llegamos al departamento. Nos quedamos allí, conversando, riendo. Él me tomaba la mano, yo lo miraba, necesitaba una excusa para salir de ahí. "Voy a comprar cigarrillos", dije y me paré. Al rato, lo vi detrás de mí diciéndome "Yo te acompaño". El departamento de mi amiga quedaba en el 4º piso. Él llamó al ascensor, pero yo lo tomé de la mano, me saqué los zapatos que hacían bastante ruido y le dije, de la forma más sensual posible, "creo que es mejor ir por la escalera".

Como era de noche, la única luz que había era la de las ventanas, lo que hizo la situación bastante más interesante. Ni bien bajamos dos escalones, lo arrinconé en una pared y le encajé un beso. Lo besé con locura, qué me importaba. Quería comerle la boca literalmente, me estaba muriendo de ganas. Él me sacó y me puso a mí contra la pared, me bajó la remera y se encontró con mis pezones, que estaban muy duros, a punto de estallar. Los besó, se hundió en mis tetas, yo no quería que salga. Estaba empezando a mojarme. Lo aparté, lo arrojé sobre las escaleras, le levanté la remera. Empecé a recorrer con mi lengua todo su torso, deteniéndome cerca de su pubis. Toqué su pene sobre la ropa, estaba muy duro. No me aguanté la tentación y le desabroché el pantalón. Comencé a chuparlo con tantas ganas. Estaba muy duro, a punto de explotar, lo cual me excitaba aún más. Seguí chupándolo, pero quería dejarlo con las ganas, así que me paré y me fui a planta baja. Al rato, bajó él con una sonrisa vaga en su cara, me tomó del cuello y me encajó un beso. Después de ir al kiosco, quedaba otro tramo por la escalera. Llegamos a la parte oscura, me puso contra la pared. Desabrochó mi pantalón y bajó mi ropa interior. Se agachó y me dio el mejor sexo oral de mi vida. Sentía su lengua por toda mi vagina, sentía que me mojaba y que su saliva se enredaba con mis jugos. Él tocaba mis pezones, mis pechos, yo quería gritar, estaba muy excitada. Estaba a punto de acabar... Cuando empezó a subir las escaleras.
Pasó la noche y nos fuimos juntos a su departamento. Yo había pensado en cogérmelo toda la noche, pero recién a la madrugada, se pudo dar. Me saqué la ropa, lo desnudé a él, comencé a recorrer su cuerpo con mi lengua. Llegué a su jugoso pene, que estaba tan duro como antes y me detuve a chupárselo. Mmm, qué rico fue llenar mi boca con su pene, recorrerlo todo, chupar sus testículos. Él se retorcía de excitación y eso me calentaba aún más. Alternaba movimientos bruscos con movimientos suaves, usaba mis labios, así como también usaba mi lengua. Me encantaba chupárselo, era tan rico... Hasta que su leche llenó mi boca, su jugosa y caliente leche llenó mi boca y yo me la tragué con el mayor de los gustos. Deliciosa.

Llegamos al segundo round. Mi placer estaba en saber que él la estaba pasando bien,
quería verlo disfrutar, el verlo retorcerse de placer me excitaba, me calentaba. Estábamos ahí, ardiendo los dos, hasta que lo puse boca arriba y me monté sobre él. Su gordo pene entró en mi vagina húmeda, entraba y salía, yo lo controlaba. Él tocaba mis duros pezones, mi culo, me pedía que no pare, y yo, no pensaba hacerlo.

Cabalgué sobre él hasta que lo sentí acabar... Ay, pero qué rico; él terminó y yo miré su rostro, estaba muy excitado. Me dijo que le encantó cogerme, y que quería más, pero yo tenía sueño, así que me vine a casa.

Sólo una pregunta, querida lectora... ¿tú nunca llegaste al orgasmo? si es así ¿POR QUÉEEEEEEEEEE?


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viernes, 18 de diciembre de 2009

Parece que no soy la única que sueña con llevarse a la cama a un escolar

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Me mandaron una nueva historia. No sé ustedes pero yo siempre he querido tirarme a un chiquillo de colegio, parece que no soy la única que tiene esa fantasía.

Mi primera vez fue un día en el que me iba al liceo con toda normalidad. Yo tenía 16 años en ese momento. No me acuerdo por qué tuve que pasar por casa de una amiga de mi madre. En cuanto la vi no pude evitar fijar mi mirada en su diminuto short blanco y en sus pezones, ya que no llevaba sujetador y se veían perfectamente. Ella tenía 35 años, pero se veía muy bien, aunque era baja de estatura tenía un culo espectacular y redondito y unas tetas firmes con unos pezones de uva.

Resulta que ella lo tenía todo planeado, me invitó a entrar y prácticamente en mi cara, me dio la espalda y se agachó para recoger un bikini que estaba en el suelo, luego se levantó, sonrió y me preguntó “¿Te gusta lo que ves?” yo no atiné a decir una sola palabra. Cuando ella se me acercó yo ya tenía el pene a punto de explotar dentro de mi pantalón. Ella se lo llevó a la mano y lo empezó a acariciar, se acercó a mí y me besó con pasión. Fue entonces que no pude más, la llevé a un sofá y le quité la blusa, ahí me encontré con esos hermosos pezones que no dudé en comerme mientras ella jadeaba y me decía “sí mi niño, hace tiempo quería que me comieras toda”

Luego, bruscamente, se separó de mí, me quitó el pantalón y el bóxer y dejó salir mi pene, que en esa época medía unos 17 cm “Esto era lo que yo quería comer” Lo empezó a chupar, yo lo tenía una barra de hierro. Cuando estaba a punto de explotar, se detuvo y me dijo “no puedes terminar, falta lo mejor” me acostó sobre la alfombra y lentamente, mientras se sentaba sobre mí, se iba metiendo mi pene a su vagina “ah, qué rico se siente”, se fue moviendo, cabalgándome. En cuanto empezó tuvo su primer orgasmo, pero continuó moviéndose como toda una veterana. No pasó mucho rato antes de que yo me corriera y ella tuviera su segundo orgasmo. Al terminar yo me recosté a descansar, pero ella quería más y que yo tenía que satisfacerla. “yo te chupe el pene, así que lo justo es que tú me chupes la vagina y te tragues mis jugos” Yo, sin chistar, me incorporé y le abrí las piernas, ella me tomó de la cabeza con sus dos manos y me presionó contra su clítoris, yo empecé a chuparla, lamerla toda, su vagina desprendía un olor que me excitaba todavía más y ya mi pene estaba volviendo a la vida. Ella no demoró en correrse en mi boca mientras gemía y decía “si papi, eres un buen niño” Cuando terminé, se acercó y me dijo que me iba a compensar. Entonces volvió su boca a mi pene hasta que se volvió a poner durísimo, luego fue hasta una gaveta y sacó un condón y me lo puso. Yo no sabía para qué me lo ponía si ya había terminado en su vagina. Pero ella se puso en cuatro y me dejó frente a los ojos ese hermoso culo “clávame por el culo, que esto es todo tuyo” me dijo mientras me daba una crema. Yo se la regué por las nalgas y en mi pene y sin dudar más acerqué la punta hasta la entrada de su culo y empecé suavemente (porque me dolía), ella me pedía a gritos que se la clavara completa, sus gritos me entusiasmaron y de un solo tirón, la tomé de la cintura y se la clavé hasta el fondo. Los dos pegamos un grito de placer y dolor. La dejé dentro por un momento y luego empecé a moverme lentamente. Mi excitación era tremenda, le daba duro, con movimientos rápidos, ella jadeaba y me pedía más y más, luego de un rato que yo no aguantaba más, le dije que iba a acabar. Ella se detuvo y me gritó “yo quiero tu leche dentro de mi culo, así que quítate el condón” yo la obedecí y me lo quité, ella me dio una mamada y otra vez se o metí por el culo y después de unos cuantos movimientos me corrí dentro de su culo mientras ella gritaba “qué leche tan caliente papi”

Nos quedamos dormidos los dos y al despertar nos duchamos y yo me fui a mi casa y quedamos para vernos al día siguiente. Ese año saqué las peores notas del liceo pero no me arrepiento.

Nuestro amigo nos pide comentarios, así que siéntanse libres de decir lo que gusten.

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Eva

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Esta es otra historia que me mandaron, espero les guste.


Conocer a una mujer como Eva más que una suerte, es un privilegio. Si además la conoces como en mi caso, virgen y sedienta de saber; es una locura de sexo y desenfreno.
Conocí a Eva con 16 años, bueno primero conocí a su hermano, pero ella tomó protagonismo al instante. Era de esas chicas de belleza delicada que en un primer vistazo puede pasar desapercibida, pero en el segundo vistazo te captura para siempre.
De senos de mantequilla coronados por rosados pezones, de cadera de melocotón con la curva justa para servir de asidero y uno de los sexos más hermosos y estrechos que he conocido.

Me entregó sus primeras pajas, sus primeras mamadas y su virginidad, me consultó en cada relación sexual que tuvo y llegó un momento en el que la alumna superó al maestro.

Nuestros caminos fueron distanciándose y pasaron muchos años sin contacto. Volví a coincidir con ella unas semanas antes de que se casara y, como si el tiempo no hubiera pasado, no pudimos evitar desnudarnos. Redescubrí y besé cada rincón de su cuerpo y me regaló dos corridas bestiales. Ella, por su parte, encadenó 6 maravillosos orgasmos que me trasladaron a otros tiempos. Nos despedimos con un breve beso en los labios y nuestros caminos volvieron a separarse, esta vez sí con la sensación de que era definitivo.

Pero el azar es caprichoso y este verano en una concurrida playa, me distraía mirando a una hermosa joven que de espaldas se quitaba una blusa blanca quedándose con un precioso bikini naranja, un culo precioso, unas piernas lindas y blancas y una cintura de locura. Cuando se volvió, nuestros ojos se cruzaron de nuevo. Allí estaba Eva con su marido, con su hermoso cuerpo y con ese coñito delicioso ligeramente marcado por su bikini. Me miró pero enseguida se sentó y se puso a charlar con él.

No pude quitarle la vista de encima, recordaba muchas cosas, colores, sabores, olores y todo me venía a la mente provocando en mí un embarazoso empalme. A la media hora se levanto sonriendo a su marido y se puso a caminar hacia el bar de la orilla, su mirada me invitó en decimas de segundo, nadie habría visto nada raro ni en su contoneo como una gata, ni en su sensual mirada. Me levanté y aceleré mi paso para alcanzarla cuando dejaba la arena.

La miré a los ojos: "¿Sigues siendo mi putilla?" No me miró para responder:"Fóllame, por favor".
Gracias a la hora y el bullicio creo que nadie noto que entrabamos juntos al baño, ella delante.
Sin tiempo de cerrar la puerta ya tenía su espalda apoyada en mí y su trasero masajeándome la polla. "¿Que me vas a hacer?", ronroneó. La cogí de las muñecas y la apoye en la pared con los brazos en cruz ... "¡No te muevas!", solo bajó la cabeza aceptando como siempre, atrapé sus tetas desde atrás apretándolas y frotando esos pezones que sabía tan sensibles, alternando la fuerza con caricias. Se las saqué del bikini y azoté sus pezones, gimió y busco frotar su culo conmigo. Me detuve y azote su trasero, "No hagas nada que no se te diga, zorra" , se detuvo al instante gimiendo. Aparté la braga de su bikini, ya estaba empapada, como siempre. Con mis pies separé sus piernas y azote suavemente su sexo, con cada azote no podía evitar que su cuerpo se estremeciera.

Ya no necesitaba muchas invitaciones puse mi polla en la entrada de su coño, seguía deliciosamente estrecho, solo le metí la mitad mientras mi mano derecha jugaba con ese clítoris que tan bien conocía. "Métemela por favor", estaba a punto de llegar a su primer orgasmo. Se la saqué le encajé la braga del bikini en el culo y en el sexo "Date la vuelta y chúpamela zorra, y ni se te ocurra al tocarte mientras me tragas desencajarte el bikini"

Se arrodilló golosa y empezó la mamada mientras tiraba del bikini para frotarse con él el clítoris, la agarré de su hermosa melena y le follé con autentica pasión la boca, en cada embestida cerraba los ojos y recordaba todas las veces que había estado así, los abrí cuando su ritmo aumentó y vi como se corría.

La levanté todavía con los ojos vidriosos y le quité la parte de arriba del bikini, "quítate la braga y límpiate los jugos con ella antes de tirarla". Mientras lo hacía solo acertó a decir "azótame por favor" Volví a ponerla de espaldas y la agache quedo con las piernas abiertas completamente expuesta. Se la metí de un solo golpe y en cuanto dio un respingo de la impresión, comencé a azotarle el trasero con mi mano abierta mientras iba alternando entradas suaves con embestidas violentas. Sólo tuve que cogerla del pelo y estirárselo hacia atrás para notar cómo su presión en mi polla crecía y volvía a correrse. "Sigues siendo una zorra maravillosa", me miró a los ojos "La mejor, déjame verte mientras te corres" Se la saque para abofetearla “Como quieras cielo ", le di la vuelta y puse una de sus piernas sobre la taza.
Volví a colarme en su interior mientras gemía "no pares por favor, fóllame, quiero ver tus ojos cuando te corras". Acaricie su culo, su hermoso culo, mientras iba metiéndosela cada vez más adentro y más fuerte. La azoté en las piernas, en los pechos mientras su mirada seguía clavada en mí. Amasé su trasero y pellizque sus pezones mientras notaba que aflojaba las piernas de nuevo y notaba como se corría, sus flujos empapaban el interior de sus muslos.
No pude evitar sacársela y volver a sujetarla con los brazos en cruz mientras me agachaba a colgarme de esa cueva que tan ricos sabores me había dado. Deslice mi lengua entre sus labios empapados mientras ella tenía que apoyar su vientre en mi para no caerse. Mi lengua la visitó por dentro arrancándole su miel mientras la oía gimoteando apoyada en mí, su coño parecía querer alejarse de mi lengua y en cuanto la notaba fuera, sus caderas giraban con fuerza regresando e intentando clavársela más adentro. No aguantó mucho y cuando lo noté con dos azotes en sus nalgas se corrió en mi cara y solo acertaba a decir "por favor, por favor ... métemela"

Le puse una pierna a cada lado y mientras volvía a entrar notaba cómo su coño se estremecía para recibirme, se colgó de mi cuello para poder coger fuerza y bailar sobre mí, su culo persiguió mariposas en el aire mientras su coño daba y quitaba presión sobre mi polla. Su mirada no se apartaba de mí y cuando note que no aguantaba más mordí su cuello mientras me vaciaba en su interior y sin acabar de escurrir ella volvía a correrse mientras alzaba sus piernas de un salto y las enrollaba en mi cintura como una serpiente.

Estuvimos abrazados y encajados hasta que alguien llamo a la puerta. Nos miramos en silencio mientras ella intentaba limpiarse con papel y se vestía y yo me acomodaba el bañador.

La miré a los ojos "Gracias nena eres fantástica", “Nos veremos de nuevo" no supe si era pregunta o afirmación. Besé sus labios y la sorbí despacito mientras acariciaba su culo y salía sin decir nada.

Volví a la arena y me senté a los cinco minutos apareció ella, deslumbrante como el sol, se tumbó junto a su marido y alcancé a verla suspirar antes de que se tumbara.

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jueves, 10 de diciembre de 2009

Sometiendo a Ana, segunda parte

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Miré como Ana se alejaba hacia la puerta. La minifalda apenas le cubría las nalgas, realzadas por las plataformas de 17 centímetros. Con cada paso que daba el diminuto tanga se alcanzaba a ver y una parte del plug que llenaba su culito. Sus muslos brillaban, mojados por la excitación que llevaba sintiendo toda la tarde. El delantal dejaba su espalda desnuda y el collar que acababa de ponerle le sentaba de maravilla. Se me puso dura cuando, con pasos tímidos llegó a la puerta.  Mientras giraba el pomo aumenté la velocidad del vibrador que llevaba dentro del coño.

Cuando abrió se encontró con Pedro, un chico de unos 30 años. Moreno, alto y el típico cachas. Lo había conocido en el gimnasio, al igual que al resto de mis compañeros de póker. Ana no los conocía ni ellos a ella, lo que me animó a invitarlos diciéndoles que tendrían una sorpresa, sin darles más detalles.

La cara de Pedro era de shock. Se quedó parado unos segundos, comiéndose a Ana con la mirada de arriba a abajo sin entrar. Me acerqué y le dije:

“Pasa Pedro, esta es mi esclava que nos atenderá esta noche mientras jugamos”, dije mientras Ana estaba con la cara roja por la vergüenza que estaba pasando.

Pedro entró a casa y yo apagué el vibrador para dejar que mi novia se repusiera un poco. Le ordené que guiara a nuestro invitado al salón para ponerse cómodo. Mientras iba delante, Pedro no paraba de mirarle el culo y se notaba un bulto en su pantalón. Se sentó en el sofa y Ana se quedó de pie, sin saber muy bien que hacer.

“La putita está aquí para servirnos en lo que queramos”, dije poniéndome detras de Ana y dándole un azote seco en el coño mientras encendí el vibrador. “Si quieres puedes examinarla en lo que llegan los demás, pero no la desvistas que quiero que todos se lleven la misma sorpresa que tu”.
Pedro rió y yo cogí una correa de perro y se la ajusté al collar. Pedro se puso de pie y tiró de la correa hacia el. Ana, desacostumbrada a los tacones, casi se cayó pero él la cogió entre sus brazos, aprovechando para tocar sus tetas y magrear su cuerpo.

“Levantate la falda, putita. Enséñale a nuestro invitado como estás de llena hoy. Dile lo cachonda que estás”

Ana me miró con una especie de odio y lujuria, Vio, en el rabillo del ojo, la cámara que grababa todo y pensó que no tenía mucha opción así que hizo lo que le ordené. Pedro empezó a meterle mano y sonrió cuando sintió la base del plug.

“¿De donde sacaste a esta guarra?”, preguntó mientras metía y sacaba el plug y le tocaba el clítoris por encima del tanga.

“Esta zorra es una pija que nunca pensó en hacer esto, pero ya ves, se pone un poco cachonda y mira en lo que se transforma. ¿Verdad putita? Dile a nuestro invitado lo que eres”, dije azotándole el coño.

Antes de que pudiera responder sonó el timbre otra vez. Ana comenzó a caminar a la puerta pero le ordené parar. “Ponte a 4 patas, perrita, que Pedro te lleve”. Encendí una vez más el vibrador, lo que causó que sus rodillas se doblaran pues no se lo esperaba. Pedro aprovechó para tirar de la correa y rápidamente Ana estaba a 4 patas.

Pedro tiró de ella hacia la puerta y Ana lo siguió obediente. El panorama de mi novia totalmente sometida, cuando horas antes se cabreó porque la llame zorra, era espectacular. Pedro abrió la puerta y esta vez estaban José y Rubén, los dos que faltaban. Primero entró José, hablando sobre cómo pensaba quitarnos la pasta esa noche y se fue directo al salón, sin siquiera notar la presencia de Ana que se había puesto detrás de Pedro, supongo que para evitar que la vieran desde el pasillo. Rubén sí que la vio y se quedó parado unos segundos, mientras Pedro tiraba de la cuerda para exhibirla. Después de unos segundos dijo: “bonita mascota” y sin mediar palabra se bajó la bragueta y comenzó a golpear la cara de Ana con su polla que se fue poniendo dura. Yo aproveché para aumentar la potencia del vibrador al máximo, lo que produjo un grito en Ana que inmediatamente después empezó a buscar la verga con la boca. Rubén aprovechó para metérsela y follar su boca unos segundos tirándola del pelo.

“Está buena la perra”, dijo Rubén, “se ve que le gusta”. Sacó polla de la boca de Ana y se la guardó en el pantalón. Pedro tiró de la correa hasta el salón y al llegar le dijo: “Ponte de pie putita para que te vean”. Ana obedeció y seis manos comenzaron a recorrer todo su cuerpo, tirando sus pezones, dándole nalgadas y metiendo los dedos en su raja descaradamente. Rápidamente perdió el delantal y mientras Rubén pellizcaba y tiraba de sus pezones, José empezó a meter y sacar el plug. Ana sólo gemía y jadeaba como perra en celo.


“No excitéis mucho a la zorra”, anuncié mientras apagaba el vibrador, “que lleva toda la tarde esperando correrse y vamos a asegurarnos de que nos atienda bien antes de dejar que tenga placer”.  “Antes de que llegaran”, recordó Pedro, “esta guarrilla estaba a punto de decirnos algo”. La azotó en el culo y le dijo: “anda, dínoslo”.

Ana recorrió la habitación con los ojos, mirándonos a todos fijamente mientras se mordía el labio. Finalmente dijo: “Seré vuestra zorra esta noche, haré todo lo que me digáis. Pero por favor folladme y usadme como os plazca. Quiero ser vuestra putita”.

“Pues entonces por qué no nos sentamos a jugar y dentro de un rato la usamos, no se vaya a cansar”, dijo Pedro riendo mientras se acomodaba en la mesa. Los demás le seguimos, poco a poco, dejando a Ana jadeando junto al sofá sin percatarse de que nos alejábamos y de que nadie estimulaba su cuerpo. Supongo que habría estado a punto de correrse pero que el estímulo no fue suficiente.

Nos sentamos en una mesa de cristal redonda, mientras Ana seguía junto al sofá, perdida en las sensaciones así que le grité: “Putita, deja de tocarte y ven con los invitados a ofrecerles algo de beber”. Ana se acercó y se paró entre José y Rubén mientras todos le fuimos diciendo lo que queríamos beber. Verla en tetas y con una minifalda frente a cuatro tipos que no paraban de meterle mano era sin duda lo más excitante que había visto hasta ahora. La pobre se fue a la cocina zigzagueando y comenzamos a repartir cartas.


Tras varias partidas Ana volvió con una bandeja con nuestras bebidas. Cuando la vi acercándose, encendí el vibrador al máximo y comencé a verla haciendo malabarismos con la bandeja hasta que tropezó a causa de los tacones y se cayó todo al suelo.

“Zorra estúpida”, le grité. Ven aquí a recibir tu castigo. Ana me miró a lo lejos y se acercó cabizbaja a la mesa mientras todos la observaban expectantes. “Ve con Rubén y pídele que te de diez azotes como castigo”.

Ana caminó hacia él y Rubén le ordenó que cogiera sus tobillos y se subiera la falda. Ana hizo lo que le ordenaba ese extraño y pronto todos podíamos ver su espléndido culo con la base del plug sobresaliendo. El tanga brillaba de lo empapado que estaba mientras Rubén se quitó el cinturón y soltó el primer azote en las nalgas de Ana que gritó, una mezcla de pero a la vez un jadeo.

“Gracias”, dijo Ana cuando sintió el primer impacto. Rubén continuó azotándola, cada vez con más fuerza, y Ana agradeció cada uno de los azotes a pesar de que nadie se lo había ordenado. Cuando terminó su culo quedó rojo con las marcas del cinturón. Rubén le ordenó que se incorporara y vimos lágrimas en sus ojos pero a la vez una mirada de lujuria que nunca había visto.

“Ahora ve a limpiar el desorden que hiciste, putita, y trae nuestros tragos”, le ordené mientras repartía las cartas. Tuvimos unos 15 minutos para jugar sin distracciones. Vi a Ana acercándose pero esta vez no traía la bandeja, sino solo una copa. Encendí el vibrador pero esta vez lo esperaba así que aunque se balanceó un poco no tiró nada. Lo dejó en el sitio y tras 3 interminables viajes de ida y vuelta a la cocina, Ana cumplió su misión y se paró junto a la mesa, distrayendo nuestra atención de la partida. “Ponte a 4 patas, putita”, le ordené “y ve con Rubén a terminar lo que empezaste en la puerta”.

Encendí el vibrador a lo más bajo y Ana empezó a gatear hacia él. Se puso frente a sus piernas, debajo de la mesa, y le bajó la bragueta. Los demás podíamos ver todo a través del cristal de la mesa. Aunque seguíamos jugando, todos estábamos más pendientes de lo que hacía Ana que empezaba a lamer el pene de Rubén de arriba a abajo mientras lo cogía con una mano. Rubén volvió a golpear su pene contra el rostro de Ana, dejándolo bastante mojado. Después cogió a Ana del pelo y le metió toda la polla en la boca. Era muy grande para ella que empezó a protestar y a tener arcadas pero a Rubén le importó poco y empezó a usarla como si fuera un coño. El maquillaje de Ana se corrió y su cara estaba llena de su propia saliva. Después de unos cinco minutos en los que paró la partida, Rubén le ordenó que lo pajeara y poco después se corrió en toda su cara. Por segunda vez en su vida, y todo el mismo día.

Ana salió de debajo de la mesa para ir hacia el baño pero la detuve del brazo. “¿Dónde crees que vas putita? ¿Y los demás qué?”

Ana me miró desafiante pero se dirigió a Pedro y con voz de niña la preguntó: “¿Me dejarías comerte la polla?” Pedro no dudó en decir que sí y se bajó la bragueta mientras Ana, a 4 patas, gateaba debajo de la mesa hasta ponerse frente a el. Empezó a lamerle los huevos , metiéndoselos en la boca, mientras Pedro la animaba diciéndole lo puta que era y que cómo se notaba que le gustaba comer pollas. Ana seguía a lo suyo, subiendo poco a poco con la lengua, entreteniéndose en el glande mientras lo pajeaba con la mano. A estas alturas nadie prestaba atención a la partida. José, incluso, metía y sacaba el plug y los jadeos de ella se distinguían a pesar de la polla en su boca. Después de unos minutos así, Pedro explotó y Ana lo tragó todo, sin derramar una gota…

“Mmmmmm, qué rico”, teatralizó Ana. Sin que nadie le dijera gateó hasta José, le bajó la bragueta y comenzó a mamársela otra vez. Cuando intentaba metérsela en la boca, José cogía su polla con la mano y le daba golpes en la cara, esparciendo la lefa que tenía de las corridas previas mezclada con su saliva. Estaba echa un asco, pero nunca la había visto tan sexy. Yo, mientras tanto, cambiaba la intensidad del vibrador… José sin decir palabra se puso de pie y empezó a pajearse hasta que se corrió sobre la mesa. Después cogió a Ana del pelo, la puso de pie y acercó su cara a la mesa: “Límpialo putita, sabemos que te gusta”.

“Si amo”, respondió y comenzó a limpiar la mesa mientras José le metía los dedos en el coño. Cuando lo dejó todo limpio se dirigió a mi.

“Ponte de rodillas y metete mi polla en la boca putita y no hagas nada más. Quiero probar si me traes suerte en el juego, así que no me distraigas”, le ordené. Ana se puso a 4 patas caminó hasta estar entre mis piernas y se metió la verga en la boca. La sensación fue incredible, tenía un calentón tremendo de ver como se había comportado hasta ahora.


Tuve asi a Ana como 45 minutos, mientras jugábamos a las cartas y empezaba a tener una buena racha. Pasado ese tiempo, estaba cada vez más caliente, me costaba mucho concentrarme y mi suerte empezó a cambiar. Los demás, respuestos ya de sus corridas, comenzaban a mirar cada vez más la boca de Ana inmovilizada sobre mi polla.

“Sal de ahí abajo, putita”, le dije a Ana tirando de la correa que todavía llevaba, “Ponte de pie junto a mi, guarra, y cogete los tobillos”.

Ana obedeció sin rechistar. Llevaba más de 8 horas siendo estimulada y se notaba que lo único que le interesaba a estas alturas era correrse. Cuando tuve su culo frente a mí le quité el tanga y se lo metí en la boca. Después quité el plug que llenaba su culito. Tenía el ano totalmente dilatado.

“Señores, yo me retiro un rato de las cartas para follar por el culo a esta zorra. Aunque la vean así de guarra ese agujero es virgen. Hasta esta noche ni siquiera me había dejado correrme en su boca. Pero ya ven lo puta que en realidad es mi novia. Si alguno de ustedes quiere usar algun otro de sus agujeros, adelante”. Dicho esto le escupí en el ojete y metí un dedo para lubricar bien. Mi polla estaba empapada y durísima de haber estado en la boquita de Ana así que sin mediar palabra se la metí de un solo golpe.


Ana pegó un alarido, ahogado por las bragas que tenía en la boca. Tiré de su pelo y lo empecé a usar para coger impulso mientras embestía su culo. Los demás sólo miraban aunque después de unos minutos así, Rubén decidió pellizcar sus pezones mientras Pedro le comía el coño. Yo bombeaba cada vez con más fuerza y Ana se corrió por primera vez esa tarde. Además del alarido que soltó, todos nos dimos cuenta de lo que estaba pasando porque la muy zorra eyaculó, tirando un chorro de flujo sobre el parqué. Algo que nunca había hecho antes.

Al verlo no pude aguantar más y tuve una de las corridas más intensas que recuerdo, llenando su culo de leche. Cuando me recuperé saqué la polla de su culo y me puse frente a ella. Ana sabía lo que tenía que hacer y se la metió a la boca hasta que la dejó totalmente limpia.

“Le voy a follar el coño”, dijo José, “A ver que tan mojada está esta puta”. Se sentó en el sofá mientras Ana se hincó frente a él dejando sus tetas para que pudiera tirar de ellas. Mientras la follaba le ordenó que se inclinara hacia él y que se separara las nalgas. Ella sabía lo que venía.

“Siempre he fantaseado con una doble penetración”, gritó mientras José taladraba su coño.

Yo, mientras tanto, estaba en otro sofá fumando un pitillo y tomando fotos y vídeo del momento. Rubén se puso detrás de ella y la empezó a penetrar el culo. Cuando estuvo llena ambos comenzaron un vaivén mientras ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban así y Pedro aprovechó para acercarse a su boca y que se la mamara.

Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse en su cara hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies. Se veía exhausta, pero feliz. Los chicos se vistieron y les pedí que se marcharan. Cuando estuve solo con Ana le di un beso y le pregunté:

“¿Te gustó?” “Me encantó. Me da vergüenza decirlo pero nunca imaginé hacer algo así y la verdad es que me encantó. Nunca había disfrutado tanto.

La miré con ternura y la besé, probando la leche de los hombres que la habían usado esa tarde. Después le dije al oído:

“Todavía no he usado tu coño y estoy cansado así que móntame, putita” Ana me miró, me besó de nuevo y me susurró al oído: “¿Podemos ver el video de esta tarde mientras me follas?”


Autor: Amo123


Chicas para ti .....

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martes, 8 de diciembre de 2009

Sometiendo a Ana

1 comentarios
Ayer alguien tomó una de mis historias y la publicó en su página, no pude evitar revisarla y me encontré con esta historia que me excitó desde el principio.

Cogí su mano derecha y la até a la cabeza de la cama. Día un paso atrás para apreciar mi obra. Sus piernas, totalmente abiertas estaban atadas a las patas de la cama y dejaban su coño abierto a cualquiera mientras que sus brazos quedaban uno a cada lado. Mi dulce novia, Ana, no podía moverse. No sabía nada pero en las próximas horas se iba a transformar en una zorra insaciable.

Ana tenía 23 años. Morena, alta, de pelo negro ondulado que le llega por encima de los hombros. Tiene algunos kilitos de más que no me importan pues tiene unas tetas impresionantes, con unos pezones pequeños pero que se ponían duros a la mínima provocación. A pesar de ese cuerpo vestía conservadoramente, nunca se ponía falda y rara vez llevaba escote. Nos conocimos en una de las clases de la universidad discutiendo. Su carácter fuerte, siempre peleando con alguien y llevando la contraria, me atrajeron al instante. Al salir de clase seguimos discutiendo y la invité a salir. Esa misma noche follamos. Resultó conservadora en eso y me parecía raro. Si la pasión que ponía por discutir la dedicaba a follar podríamos pasarla muy bien. Salimos durante un año, en los que nuestra vida sexual estaba bien pero yo sentía que podría mejorar mucho. Le pedí que se depilase todo el vello del coño y me dijo que no, soltando antes un discurso sobre el feminismo al que no le presté mucha atención.

El sexo anal tampoco quería probarlo. Aunque me la mamaba de vez en cuando, nunca me dejó correrme en su boca. Una vez la convencí de ver una porno y se la pasó hablando, bajándome de inmediato el calentón. Un día le propuse atarla y me dijo que no, aunque no con la misma convicción que otras veces. Pensé que si le insistía podía llegar a convencerla así que estuve dos semanas insistiendo en lo mismo hasta que, finalmente, accedió. No lo podía creer, así que antes de que cambiara de opinión le pedí que se quitara los pantalones y que se tumbara en la cama. Lo hizo con un suspiro de por medio. Cogí un par de cuerdas y la até lo más fuerte que pude, dejando bien separadas sus extremidades. Ahora estaba frente a mí con un diminuto tanga naranja y un jersey de cuello alto.

Le vendé los ojos y cogí una pluma que comencé a pasar muy lento por sus pies. Le hacía cosquillas, pero fui subiendo poco a poco por sus piernas, poniendo especial atención en los muslos y evitando acercarme demasiado al tanga. Para que accediese a lo que tenía en mente tenía que hacerlo muy lento. Me entretuve en las piernas un buen rato, subiendo y bajando y acercándome cada vez más a su zona íntima pero sin estimularla mucho rato. Mi intención era ponerla más cachonda que nunca para ver si así sacaba a la puta que, suponía, llevaba dentro. Por los gemidos note que no estaba mal encaminado. Así que dejé la pluma y empecé a besar sus piernas de la misma forma, subiendo y bajando. Cada vez que me acercaba a su coño percibía el olor de su sexo. Cuando acercaba mi boca, Ana intentaba mover la cadera pero era inútil, las cuerdas la tenían bien sujeta. De vez en cuando simulaba no darme cuenta y dejaba la mano encima de su pubis unos instantes mientras ella intentaba moverse.

Me acerqué a su oído y le susurré:

-“Hoy vas a ser mi putita” Ana gimió un poco pero me dijo: -“Ni se te ocurra empezar con eso que ya sabes que no me gusta nada”. Una vez la llamé zorra mientras follábamos y se paró para darme una bofetada. Hoy no tenía esa opción. -“¿Ah si? ¿Y qué vas a hacer para evitarlo zorra?”, le pregunté. -“Te vas a enterar cuando me desates, capullo”, respondió.

Salí de la habitación y volví con una cámara en la mano. Ana seguía hablando…

-“Es más, esto no me gusta. Quiero que me desates ya”, dijo. Los ojos tapados le impedían ver que estaba siendo enfocada por el lente de la cámara. -“Para asegurarme que te vas a portar bien voy a hacer esto, putita…” y antes de que protestara tomé la primera foto. Ana se quedó muda pensando si en verdad había escuchado el click de una cámara. -“¿Estás tomando fotos?”, gritó molesta. -“Si, y como no te comportes el resto de la tarde irán a parar a internet”, respondí y le bajé la venda de los ojos. Me lanzó una mirada de odio y aproveché para tomarle otra foto. -“Así sin la venda no habrá duda de que eres tú” y se la volví a poner. Tomé unas fotos más.

Ana siguió protestando y yo, ignorándola, cogí unas tijeras y me preparé para cortar el jersey. En cuanto sintió el metal contra su vientre se quedó callada.

-“¿Qué haces? ¿Qué es eso?” preguntó asustada, intentando ver a través de la venda. -“Demostrarte que estás equivocada y que a pesar de lo que digas ahora vas a terminar rogando ser mi putita y harás todo lo que te ordene”. Terminé de cortar el jersey y Ana no paró de insultarme. Respondí quitándole la venda y sacando otra foto para el álbum, en sujetador.
Después puse las tijeras en sus bragas y las corté por en medio, asegurándome de que el frío del metal tocase, un segundo, su raja. Su pequeño tanga estaba empapado. Lo cogí y se lo puse en la cara para que lo oliera, mientras seguí sacándole fotos.

-“Ya ves guarrilla, tu mente dice una cosa pero tu coño otra muy distinta” y antes de que respondiera la di un azote con la mano abierta en el coño.

Ella gimió y volvió a protestar pero para callarla froté su clítoris unos segundos con mi dedo y casi al instante cogí el tanga y se lo metí en la boca:

-“Así ya no te vas a poder quejar, zorra”. Con las tijeras recorté el sujetador por la parte de enfrente y saqué varias fotos más. Cuando terminé le volví a poner la venda. Por fin la tenía totalmente desnuda y a mi merced. Sus pezones estaban duros y comencé a pellizcarlos y jalarlos.

-“He puesto una cámara de video para grabar todo así que ya sabes que pasará si no obedeces, solo esta tarde”. Miré su sexo, lleno de vello y con las tijeras comencé a recortarlo.-“Una putita como tu debe de llevar el coño sin pelos, para que sea más fácil acceder a él y usarla como se merece”, le dije mientras seguía recortando. Ana ya no protestaba. De vez en cuando ponía el frío metal de las tijeras en su clítoris unos segundos para excitarla y otras, aprovechando que no podía moverse, la sobaba con los dedos, asegurándome que disfrutase de su depilación. Estaba empapada. Cuando no se podía recortar más con las tijeras fui al baño por una cuchilla y crema de afeitar. La esparcí en su pubis y comencé a rasurarla con mucho cuidado. Cuando tenía que afeitar en torno a los labios le metía un dedo hasta el fondo y tiraba su piel con el pulgar mientras pasaba la cuchilla con la otra mano. Ana chorreaba, literalmente. Había dejado de quejarse hacía rato y solo gemía mientras intentaba mover su pelvis al ritmo de mi mano. De vez en cuando le daba un azote con la mano abierta que, lejos de dolerle, parecían excitarla más.

Terminé de rasurarla y entonces le puse crema, para que quedara suave y no le picara. Le seguí frotando el clítoris y metiéndole un poco los dedos pero asegurándome que no se fuera a correr. A estas alturas yo tenía la polla a punto de reventar así que me acerqué a su oído mientras metía el dedo medio en su coño y con el pulgar frotaba su clítoris. Con la otra mano le quité el tanga de la boca y le pregunté.

-“¿Te quieres correr zorra?”. -“Si, estoy muy cachonda”, respondió Ana jadeando. A estas alturas estaba con la cara roja y le importaba poco como la llamase. -“Pues falta para eso guarrilla. Vas a tener que rogar mucho el día de hoy para que te deje correr. Hoy estás aquí para darme placer que yo te use como quiera así que no protestes porque estás empapada como una perra” le dije, mientras seguía follándola con los dedos. Sus jadeos se hacían irregulares, noté que estaba a punto de correrse. Paré y saqué la mano y le di un azote.

-“Primero me vas a dar placer a mí”, le dije, mientras acercaba mis dedos chorreantes de sus jugos a su boca y le hacía chuparlos. Mientras tanto me bajé los pantalones y calzoncillos. Mi polla estaba durísima y enseguida la metí en su boca. Ella empezó a lamer y yo la cogí del pelo con ambas manos y comencé a follar su boca. Saqué mi polla y me puse en posición para hacer un 69.

-“Lámeme los huevos y el culo zorra”, le ordené y yo comencé a hacer lo mismo con su raja, empapada. También lamía su apretado culito, que nunca había follado. Cogí el tanga y lo metí en su coño. Noté que Ana estaba cada vez más cerca del orgasmo así que paré. Tenía un plan para el día de hoy y para ello era fundamental no dejarla correrse hasta dentro de un largo rato. Volví a meter mi polla en su boca y a usarla como si fuera un coño. Después de muy poco tiempo estaba a punto de estallar. Saqué la verga de su boca y comencé a masturbarme hasta que exploté, llenando de leche su cara y pelo. Nunca me había dejado hacerlo y hoy no estaba para pedir permiso. Quedó hecha un asco pero todavía muy excitada. No la limpié y, sin decir palabra, me levanté. Me fui a duchar y a cambiar y al poco tiempo fui a la cocina. Abrí la nevera y cogí un pepino. A pesar de mi insistencia Ana nunca quiso tener juguetes. Eso cambiaría hoy también, aunque tendría que salir a comprarlos y, por lo pronto, el pepino bastaría para dejarla caliente el rato que estaba fuera. Volví a la habitación y le puse un condón al pepino y se lo metí poco a poco en el coño. Ana comenzó a jadear hasta que lo tuvo dentro.

-“Nos vemos dentro de un rato zorrita, no te vayas lejos” y antes de que respondiera estaba cerrando la puerta de la calle…

Lo primero que hice fue pasar a un bar a tomar algo y hacer algunas llamadas para la siguiente parte de mi plan. Después fui a un sex shop donde pasé largo rato eligiendo qué comprar. Al final me decidí por un plug anal, un huevo vibrador con mando a distancia y un vibrador. También compré unas pinzas para los pezones, un collar ajustado para el cuello con una anilla y un disfraz de asistenta de limpieza que consistía en un tanga negro de hilo dental, unas medias de rejilla, una falda negra muy corta que apenas le cubría las nalgas y abierta por ambas piernas y un pequeño delantal blanco que cubría sus pechos pero la tela era casi transparente.

Al salir del sex shop fui a una zapatería para completar su nuevo atuendo con unos tacones de plataforma de 16 cm negros  y volví a casa. Habían pasado dos horas desde que me fui, volvía a tenerla dura pensando en como encontraría a Ana. De camino paré en una farmacia por un enema. En cuanto abrí la puerta olí sexo en el ambiente. Fui a la habitación y escuché jadeos.

-“Hola Putita, ¿Te has podido correr?”, le pregunté. -“No”, respondió Ana con un largo jadeo. “necesito correrme por favor”. -“Ana, para que te deje correr tendrás que pedirme que te deje ser mi esclava sexual durante las próximas 24 horas. Obedecer en todo lo que te diga y te aseguro que descubrirás una parte de ti que no conocías y que te hará disfrutar del sexo como nunca antes”. Cogí el pepino, que se había salido casi completamente desde que me fui y lo empujé un poco.

Ana comenzó a jadear, dejándose llevar por las sensaciones que le producía el que la estuviese follando de esa forma tan obscena. -“¿Qué me dices? ¿Vas a ser mi putita?”, le pregunté. -“Si, haré lo que quieras pero por favor necesito correrme”.

Saqué el pepino de golpe y la miré serio. -“La cosa es, Ana, que si te dejo correr y te desato se que luego te negarás a ser mi esclavita, y eso no puede ser, ¿no crees?” -“Te lo prometo, haré lo que me digas pero deja que me corra” me dijo molesta pues se notaba vacía.-“Si te niegas a hacer lo que te digo ahora que te desate, estas fotos y este video van a ser muy populares en Internet, así que ya sabes”.-“Si por favor”, respondió ella. -“Una cosa más. Si te quieres correr empieza a rogar putita”.

Ana me miró con ojos de odio pero con una lujuria que no había visto antes en ella. Lentamente repitió: “Quiero que seas mi amo, quiero ser tu zorra esta noche y que me uses como te plazca”.

Comencé a desatarla y cuando estuvo suelta le prohibí que se tocara y le dije que fuera al baño. Cuando se puso de pie pude ver que tenía los muslos y todo el culo empapados de sus flujos. En el baño le ordené que se cogiera los tobillos de forma que su culito quedaba bien expuesto. Sin mediar palabra cogí el enema que había comprado y le metí todo el líquido y puse el tapón. Ana simplemente gimió, no le desagradaba a pesar de que nunca me había dejado acercarme a su culito. Abrí la ducha y la bañé bien, poniendo especial énfasis en su coño y en sus enormes tetas. A ratos le metía un dedo en el coño y comenzaba a masturbarla hasta que notaba que se estaba poniendo demasiado caliente y entonces paraba. Pobre Ana, llevaba ya 4 horas sin poder correrse y siendo estimulada como nunca antes.

Salimos de la ducha y Ana iba por la toalla le dije que parara, que quería que fuera al balcón a ponerse al sol hasta que se secara. Me miró con incredulidad, nuestro balcón daba a una de las calles poco concurrida de la ciudad pero por la que pasaba gente y sobre todo a esa hora. Le recordé a Ana de las fotos antes de que protestara y salió rápido a la ventana. Me dijo que le diera un segundo para mear y quitarse el enema pero le dije que se fuera inmediatamente. La dejé ahí unos 15 minutos durante los cuales un par de chicos la vieron y comenzaron a gritarle cosas y un indigente se quedó mirándola mientras se hacía una paja. Salí al balcón con una cubeta y la puse en el suelo. Empecé a tocar a Ana, que a pesar de sus quejas gozaba como puta. Le ordené, mientras azotaba su coño, que meara en la cubeta. Me miró con una pasión que nunca había visto y empezó a mear en la cubeta. Después, le dije que se quitara el enema en la cubeta, cuando el indigente había terminado de pajearse.  Cuando entró estaba empapada y con los pezones durísimos.

-“Tienes cinco minutos para ducharte otra vez para que quedes bien limpia. Puedes usar toalla. Si tardas más te castigaré zorra” -“Si amo” dijo ella. Metiéndose en el papel y corriendo al baño. Cuando se fue saqué de sus envolturas lo que había comprado y los lavé bien.

-“Has tardado dos minutos más zorra, te mereces un castigo”, le dije en cuánto llegó. -“Si amo”, respondió mirando al suelo. -“Ahora ponte en la cama a 4 patas zorra”.

Ana lo hizo y le metí el huevo vibrador en el coño. Ella respondió moviendo el culo hacia atrás. Me puse frente a ella y lo encendí lo más bajo posible. Ana comenzó a gritar de sorpresa. Cogí el plug y le dije que lo chupara. Obedeció al instante y cuando lo tuvo bien mojado se lo metí por el culo.

-“Muy bien zorrita, ahora ya estás lista para vestirte. Toma tu ropa” y le di el atuendo de mucama que había comprado. Lo miró con incredulidad pero se lo puso sin rechistar, con el vibrador encendido en lo más bajo y yo aproveché para aumentar nuestro álbum de fotos. Cuando quedó lista la verdad es que era espectacular, los tacones hacían sus piernas más largas y su culo se veía increíble. El tanga evitaba que se saliera el plug y el vibrador. Me acerqué a ella y le di un beso, después encendí el huevo vibrador un poco más fuerte.

-“Amo”, susurró, “¿puedo correrme por favor?”-“Muy pronto putita pero ahora no. Dentro de media hora van a llegar mis invitados, prepara la casa” Ana se quedó de piedra:- “¿Cómo?”-“He quedado a jugar póker y tú nos vas a atender así que prepara la mesa, bebidas, botanas, ya sabes. No dijiste que harías lo que fuese con tal de correrte?”-“Si, pero no quiero que me vean así otros hombres, suficiente he hecho ya hoy”, dijo Ana entre jadeos. Sus muslos comenzaban a estar mojados por la excitación que sentía.

-“Verás zorra, te va a gustar mucho. Déjate llevar y veras que te corres como nunca antes. Ahora date prisa y piensa que muy pronto vas a tener cuatro pollas para ti sola que te harán gozar…”, le dije y apagué el vibrador.

Ana comenzó a hacer lo que le decía, con dificultades pues no estaba acostumbrada a llevar tacones, y menos tan altos. Además, supongo que tener llenos el culo y el coño no le facilitaba los movimientos. Al poco tiempo sonó el timbre y Ana se paralizó. Encendí el huevo y le dije que viniera al salón.

-“Faltaba esto”, dije poniendo el collar en su cuello. Después caminé con ella hasta un espejo y la puse frente a el. Se quedó callada unos segundos, sorprendida.

-“¿Qué ves?” -“Una guarra”, me respondió. -“¿Y te gusta putita?” -“Si amo” -“Abre la puerta zorra”.

Continuará

Pueden revisar su página: La pelagra

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lunes, 7 de diciembre de 2009

Sexo con mi perro, segunda parte

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Aquí va la segunda parte de la historia de mi amiga y su perro.


Luego de descubrir lo q se sentía con el sexo oral de perro a mujer, me volví adicta a eso, al punto humedecerme cada vez que ese pensamiento me venía a la mente y cada vez que entraba en mi cabeza no salía hasta que lo llevaba a cabo.
Muchas veces estando fuera de casa, sentía ganas de que mi perro me lamiera la vagina y el ano y me ponía ansiosa y no dejaba de pensar en aquello, así que aceleraba para llegar a casa.

Mi perro ya estaba, digamos, entrenado. Y yo, no tenía reparos en hacerlo en casa aun con gente: llevaba a mi perro a mi habitación en horas en que mis padres hacían la siesta o estaban viendo la tele.

No hacíamos ruido...

Él ya sabía qué era lo que yo quería y sin demoras me daba placer. Bastaba con que le muestre la vagina para que se deleite con ella y me haga disfrutar conteniendo gemidos y me haga llegar al orgasmo.

Recuerdo q una vez que, sola en casa, usé dulce de leche para que me lama las partes que yo deseaba, a él le encantaba el dulce de leche. Me lo puse en los pezones, en la vagina y en el culo, y me dejé hacer lo que él quiso, fue maravilloso sentir esos lengüetazos divinos.

Las lamidas fueron muchas por mucho tiempo. Sabía que los perros “cogían” a sus amas, sabía que eso existía y sabia que si quería llevar eso a cabo, y eso era algo que me tenia medio loca, solo debía decidirme.

Así que un día lo decidí, sentía que no había marcha atrás, que lo iba a hacer, y sólo era cuestión de esperar el día en que me quedara sola, y ese día llegó... ¡¡¡llegó!!!

Cerré todas las puertas y llevé a mi perro a mi habitación, él jadeaba, estaba jugando o excitado, no lo sé, me ladró como demostrándome quien era. Sentada yo en una silla, con la ropa puesta y un poco con indecisión de último minuto, sólo le acaricie el lomo y la panza con un poco de nervios.

Entonces hice algo, puse un pie debajo de él, en su panza, y toque su pene con mi pie. Él se frotó y quiso subirse a mi pierna. Estaba enloquecido, quería cogerme de una buena vez. Yo quería prolongar lo inevitable, pero me rendí, y me puse de pie para desnudarme.

Una vez desnuda me puse de rodillas y él se puso como loco. Empezó a olfatear mi vagina y entre mis nalgas, yo estaba re nerviosa, pero ansiosa, entonces ocurrió. Puse mis manos sobre la alfombra y cerré los ojos. Sentí que algo pesado se apoyaba sobre mí, era una piel caliente y peluda, como si fuera una pesada alfombra. Luego, segundos después sentí un fuerte dolor en el ano. Su pene intento entrar por allí y eso me causó un fuerte dolor, entonces me senté y no lo deje montarme, me puse a pensar en lo que estaba haciendo..

Pero era la oportunidad que venía buscando desde hace mucho tiempo así q lo intenté otra vez, y otra vez pero él no podía insertarlo. Yo lo sentía duro, él se bajaba y se lamia su pene y luego me lamia el ano.

Él vio en mi a una perra que estaba ansiosa por engancharse con él, así que le tuve paciencia hasta que logro metérmelo en la vagina, y luego de eso, empezó a moverse de una manera frenética, con locura, metiendo y sacando su pene de dentro de mí. Yo le sujetaba las patas delanteras para q no se baje de mí y él perro movía y movía su cuerpo encima de mí.

Pude sentir que una bola crecía rápidamente dentro de mí y que eyaculaba algo caliente, pero solo duro unos segundos antes de que la bola saliera de mí, yo lo quería mucho más tiempo dentro de mí, pero sólo duro un minuto o 2 como máximo.

Sentí que se corría dentro de mí, y yo me venía, estaba inmersa en un placer raro, un poco violento, un placer salvaje. Ese placer era el placer que sólo un perro puede entregar a una perra, en este caso a mí, a su ama.

El perro acabó y se quedo con su enorme pene rojo al aire, él se lo lamió y yo no hice otra cosa que encender la ducha.

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viernes, 4 de diciembre de 2009

Un encuentro con ropa de gala

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Nuestro amigo nos cuenta lo que le pasó en una boda:

Hace ya mas de año y medio de esto, una boda sonaba a bombo y platillo en mi círculo de amistad, el primo de uno de nuestros amigos se casaba y, aquella boda iba a celebrarse por todo lo alto, pues eran dos familias de bien que iban a desposar a sus queridos hijos e iban a cuidar hasta el último detalle para que aquella boda quedara rubricada, casi en la inmortalidad.
Las chicas del grupo no hacían otra cosa que hablar de cómo iban a ir vestidas, que si habían visto unos zapatos en aquella tienda, que si un bolso a juego en aquella otra, que si unos pendientes, en fin, toda una trama que quedaba fuera del alcance de todos los chicos que componíamos el grupo, nosotros más bien pensábamos en otras cosas, en fin.
Llegó el día de esa boda, y todos fuimos a la iglesia donde se casaba aquella pareja, prometiéndose fidelidad por el resto de sus vidas y una serie de preámbulos matrimoniales más, hasta que la muerte los separe, yo observaba cada detalle de aquella iglesia, digamos que los ritos cristianos nunca han sido mi fuerte, y había que entretenerse en algo, hasta que el sacerdote dijera aquello de "marido y mujer", y pudiéramos ir a la celebración donde poder distendernos y charlar, reír y tener una velada agradable en compañía de todos.
Entre los detalles de la iglesia, cabía resaltar a una mujer, María. Éramos amigos, compartíamos amistad con el resto del grupo, y aquel día, no tuve ojos más que para ella, pues iba ataviada con un suntuoso traje de color turquesa ceñido, bien corto, unos zapatos de tacón plateados, que resaltaba la belleza de sus pies y estilizaba sus gemelos, un bolso de pedrería plateada también, a juego con unos pendientes, que se apagaban al mirarla a los ojos, María es de esas chicas que cuando se maquillan, en verdad camuflan su belleza, pues posee una hermosura innata, incompatible con cualquier cosa que pretenda realzarla, pero aquella noche, como si se tratase de una obra de orfebre experto, había dado con el punto exacto de maquillaje, digamos que solo acompañaba a su dulzura.
Pues bien, casados los contrayentes, nos subimos en mi coche algunos amigos, y nos dirigimos a donde iba a ser la celebración. Era en una casa antigua, en las afueras de la ciudad, los jardines nos abrían paso entre senderos que nos conducía adentro, un grupo de música tocaba suavemente en medio del patio principal, las carpas albergaban la zona de comistrajo, un lugar, reservado para los novios presidia lo que podría ser, la pista de baile y luego el interior de la casa, que aún escondía más sorpresas. Me sentía fascinado, todo apuntaba a que iba a ser una noche prometedora, pues me gustaba la magia de todos aquellos elementos, acompañados de una tenue luz, que no terminaba de romper la oscuridad de la noche.
Pues bien, todos estábamos sentados en círculo, allí charlábamos, reíamos de vez en cuando, comíamos algo, lo que los camareros nos iban ofreciendo a modo de canapé. Todo perfecto hasta el momento en que comencé a cuadrar todos los detalles de mi alrededor. En aquel círculo, donde todos nos sentabamos, tenía justo en frente a María, no tenía que hacer ningún esfuerzo para encontrarla pues la tenía bien cerca, y mis ojos se huían de todo cuanto intentaba prestar atención para, poco a poco, clavarse en ella. No podía evitar mirarla sin detenerme, pero cuando ella me miraba, apartaba los ojos, pues reconozco que me avergonzaba.
Sus ojos parecían más brillantes, más observadores, más comunicativos, guardaba algo dentro de sí que me intrigaba, y más ganas me daba de mirarla, por ver si podía desentrañar lo que guardaban sus ojos. Luego, la comunicación pasó a lo corporal, sus manos acariciaban sus muslos suavemente, de vez en cuando cambiaba la posición de sus piernas cruzadas, pero con una lentitud que me daba tiempo a grabar cada detalle de su lencería en mi mente, sus manos habían dejado de acariciar su pierna y ahora lo hacía, como accidentalmente en su pecho derecho, Diossssssssss, ya no cabía en aquella silla, el apetito se me fue por completo, al menos el de mi estómago, había aparecido otro apetito, el de mi bestia interna, que empezaba a rugir, aullar como lobo en noche de luna llena.
Llegó el momento tarta, y la decisión de la organización era pasar adentro de la casa para partirla y dar una sorpresa a los novios. Pues muy bien, yo no muy conforme con aquella estúpida decisión, pues me arrancaban de aquel teatro privado, a regañadientes ,entré junto con el resto de invitados.
Partieron la tarta, comieron, fotografiaron, y comenzó a sonar la música, todos bailaba, incluida María, yo no he sido nunca un buen bailarín, así que decidí quedarme al margen de aquella actividad, pero lo suficientemente cerca como para poder seguir viéndola, mirándola, devorándola con mis ojos, y digamos que ella tampoco se echó atrás, y al son de "Corazón Espinado", nos comimos mutuamente, ella, desde su pista de baile, y yo, desde el bastidor de aquella puerta.
Pasados unos diez minutos, ella se cansó de bailar y agarró su vaso, pero colocándose justo delante de mí, lo suficiente como para sentir su aroma, el olor que desprendía su cabello recogido, y también lo suficiente como para sentir el roce de sus nalgas cubiertas por la seda turquesa que las cubría, en mi miembro, fuego, esa fue mi visión desde donde yo estaba, fuego es lo que había ahí.
Ella seguía sin dejar de mover las caderas, medio volvió su cabeza para tomar un trago de su copa, arrastrando con su lengua los residuos de sus labios, mi miembro por aquel entonces, modificaba su posición a golpes de sangre, ya no sabía si esta subía hasta mi cabeza o bajaba de ella, solo sé que su ritmo se multiplicó por cien, y despegándome de ella, me volví y caminé hacia unas escaleras que bajaban a algún lado, descendí cinco peldaños, me viré, y allí seguía ella cada movimiento mío, con mi mirada lancé un mensaje, ella respondió con una cálida sonrisa, y terminé de bajar.
Estábamos en un sótano de paredes desnudas, de piedra, los únicos adornos de aquel sótano eran un viejo arcón y un cuadro. Me situé justo delante de él, sin llegar a saber siquiera que había dibujado en el, pues el ruido de unos tacones golpeando la madera de la escalera absorbían toda mi atención. Un chasquido de madera se oyó , me volví, y allí estaba ella, sentada en el arcón, me acerqué, y sin mediar palabra, ella colocó su mano tras mi nuca y me acercó hasta sus labios, mmmmmmm, que sabor tan agradable, que textura tan suave, que dulzura la de su saliba, mmmm, continuamos degustándonos hasta que todo tomó otro ritmo, los besos se habían convertido en bocados, sus manos se metían dentro de mi chaqueta, mi camisa, desabrochándose por si sola, mis manos se habían colocado justo en la base de sus senos, dibujando zigzags desde su parte más redondeada hasta llegar a la punta de sus pezones, grandes, duros, calientes... sus muslos se habían separado y sus manos ya no operaban en mi torso, ahora estaban justo en mi pantalón, que con cremallera abierta daban salida al toro de la noche, agarrándome por mi miembro, me acercó mucho más hacia ella, su mano izquierda ladeó el borde de su fina lencería y su mano derecha movía mi pene de arriba abajo, rozándolo con su clítoris, no pude resistir tanta emoción, así que me acerqué aun más, y poco a poco fui hundiendo mi glande en su interior.
Mi pelvis se mecía lentamente al principio, ella agarrando mis nalgas impuso el ritmo de la penetración, que iba tomando cada vez mas intensidad, mi pene erecto quería llegar mas lejos, así que la recosté, y agarré sus pies por los tacones, consiguiendo llegar más adentro, su respiración ahora parecía ahogada, mi pecho latía fuertemente, y mi miembro cada vez llegaba más profundamente.
Ella, como buena lider que era y es, detuvo la penetración pidiéndome que me sentara yo en el arcón, y así hice, ella se acomodó sobre de mi y magistralmente, sin utilizar sus manos logró acertar mi pene dentro de su vagina, comenzó así la mejor cabalgada que jamás me han hecho en esta vida, su cintura recorría mi zona púbica de atrás hacia adelante, mientras sus piernas elevaban su pelvis para luego bajarla y meter todo mi pene dentro de sí misma, era una amazona apostillada en su caballo, en plena caza de su presa, el calor de sus roces me estremecía una y otra vez, hasta sentir cómo su flujo inundaba todo mi vello púbico, el arcón rugía a punto de desclavarse en mil pedazos y ella se movía como una posesa, llegando al orgasmo que mantuvo al menos durante dos o tres minutos, y cuando ya estaba a punto yo de correrme como una bestia, se oyó a alguien muy cerca llamando a María, tan cerca que ella de un salto se incorporó asustada pidiéndome que reaccionara, que me vistiera rápido, pues alguien había comenzado a bajar la escalera, corrí hacia el cuadro del principio, y subiendome la cremallera de mi pantalón y entrecruzando las solapas de mi chaqueta logré arreglar el descontrol de mi ropa, pero nada pude hacer por detener aquella erección, así que María decidió rápido y subió las escaleras para evitar que quien quiera que fuese el usurpador bajase y nos encontrase allí, de aquella manera, y con aquel calentón, Y eso fue todo, el resto de la noche seguimos la fiesta, con los amigos, con el baile, con las copas, y con un dolor de testículos que jamás en la vida olvidaré...

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