martes, 26 de enero de 2010

El despecho

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Lo que me movía eran más la rabia y la impotencia que las ganas de divertirme. Pero ahí estaba, sentada en un bar medio vacío y tomándome una cerveza. Ni el lugar, ni la música me interesaban, yo estaba en el fondo con una depre horrenda. Me di cuenta de que mucho no iba a sacar de esa salida, así que me dispuse a pagar la cuenta. Cuando sacaba mi billetera para pagar el bartender me detuvo, “ese señor de allá, ya pagó su cuenta señorita” (en inglés obviamente). Cuando voltee vi a un hombre maduro, de esos que se nota no fueron espectaculares de jóvenes pero que con la edad han logrado aprender a verse bien. Le sonreí medio sin ganas y empecé a abrigarme para salir. Sólo había bajado la mirada para ponerme la casaca cuando vi al tipo acercándose a mí. Sentí una pesada carga dentro de mí, por un momento pensé en tener que ser amable por alguien que no me interesaba para nada.

“Veo que estás deprimida, nada mejor que una buena conversación para subir el ánimo”, honestamente la frase me sorprendió. He escuchado buenas frases de entrada pero esta me venía a pelo. Así que, como si de un deber escolar se tratase, me quité de nuevo la casaca y empecé a hablar. No tenía la menor intención de ir a la cama con él, así que tampoco me importaba que me viera atractiva. Le solté toda mi historia con Anita, mi rollo romántico sin escenas sexuales ni nada interesante, mi frustración al estar tan lejos de ella y tan estúpidamente enganchada y mi rabia al no poder sentirme libre a pesar de su carta blanca obligatoria. Lo divertido del asunto, es que, aunque tal vez por llevarme a la cama, el tipo parecía interesado en el asunto. No volteó los ojos cuando empecé a hablar de una mujer, no me preguntó si también me interesaban los hombres, no dijo una palabra sobre él, y repreguntaba todo el tiempo para pedirme aclaraciones sobre la telenovela que le estaba contando.

De repente fui viéndolo más atractivo, más interesante y fui teniendo más ganas de meterlo entre mis piernas. No eran, sin embargo, esas ganas que me vienen del vientre, esas locas ganas de meterme una pinga en la chucha (coño, vagina, como quieran llamarle), era más bien esa otra necesidad romántica, quería calentarme con él, sentir su aliento en mi cuello y eso. Sin darme cuenta había empezado a hacerle preguntas, a sonreír coquetamente, a tocarle las piernas “de casualidad”. Así que hice lo que siempre hago en situaciones como esas, me paré y quedé a su altura (eran los asientos altos de la barra) y le planté un beso enorme mientras apoyaba mis manos en sus piernas. Cuando terminé de besarlo me dijo con una sonrisa “de verdad me gusta conversar contigo” yo sólo respondí “si te gusta conversar, piensa cuánto te gustará pasar más rato conmigo”.

Nos abrigamos y salimos juntos, me llevó a su auto y en cuanto subí al carro me di cuenta de que aquí en Austria no vivía sola, no podía simplemente pasar la noche en otro lado, así que en vez de ir a la puerta delantera, me acerqué a la de atrás. “estoy en un hotel” me dijo, como tratando de explicarse. “¿No quieres hacer una fantasía mía realidad?” Entonces todo un caballero, abrió el asiento de atrás y me dejó pasar, prendió el carro para que empezara a funcionar la calefacción y luego se pasó atrás para sentarse a mi lado. Dentro del auto se sentó y me miró volteando la cara, como preguntándome ¿y ahora qué? Me di cuenta de que iba a tener que seguir llevando la batuta. Empecé a besarle el cuello y desabotonarle la camisa (sin quitarle la casaca porque estaba un poco frío dentro del carro), bajé a su cintura con mi boca y me fui acercando tranquilamente al cierre de su pantalón, empecé a bajarlo y sentí el olor a semen que ya afloraba, su pene estaba completamente erecto, volteé durante un segundo y vi que tenía la cabeza para atrás y la respiración mucho más rápida. Su pene duro, circuncidado, estaba parado y ya empezando a gotear. Pasé la lengua una vez y sentí un sabor dulzón que a veces encuentro en los penes y que tanto me gusta. Pasé mi boca por sus testículos y luego metí su pene completo en mi boca. Cuando hice eso, sentí como se retorcía y su mano fue a mi cabeza. Empecé que subir y bajar mientras mis manos acariciaban sus testículos humedecidos por mi saliva. Él había empezado a gemir suavemente y se movía de atrás a adelante como si me la estuviera clavando. Yo de vez en cuando lo sacaba de mi boca para pasar mi lengua por el largo del pene, moviéndola como si de una serpiente se tratase. Luego volvía a meterla, así podía prolongar ese placer que estábamos viviendo. Más tarde me di cuenta de que sacar mi boca era ya estúpido, él se contorsionaba más rápidamente y empezaba a perder el control de sus movimientos. Sentía su pene bastante adentro en mi garganta cada vez que entraba y sabía que pronto llegaría, entraba y salía entraba y salía hasta que explotó, sentí todo ese líquido viscoso y delicioso en mi boca. De un bocado me lo tragué y le sonreí.

Cuando se recuperó me dijo “juro que yo no esperaba esto” yo sólo le dije “juró que yo tampoco esperaba encontrar alguien que me escuchara hoy” Cuando regresé a casa mi padre estaba dormido, así que no hubo problemas con él. Menos mal, Me pregunto, ¿lo volveré a ver? Sólo ahora me doy cuenta de que ni siquiera le pregunté su nombre.

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lunes, 25 de enero de 2010

cartas con Anita

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Querida Anita,
Perdona por no haberte escrito antes, esta ciudad pequeña tiene tantas y tantas personas que hacen cola para verme. Mi padre me lleva de un lado a otro y todas las personas que conozco me llevan por lo menos treinta años. Si al menos tú conocieras la ciudad, tal vez podrías decirme qué hacer o a dónde ir, pero supongo que es imposible para mí, porque lo poco que sé de alemán no me sirve de mucho aquí. El otro día compré unos zapatos y para hacerme entender con la vendedora utilicé una horrible mezcla de alemán, inglés y español que casi me hace comprar dos pares de zapatos en vez de uno, y para colmo estos germanos no tienen ni la menor idea de lo que es la yapa, elegante forma de ser amable con un comprador, aquí NADA es gratis, nada te viene de más, nada es amablemente convidado, con la extraña excepción del agua de caño “leitungswasser”
Lo peor de todo es que no estás aquí, no puedo oler tu cuerpo, no puedo enredarme en tus pechos, ni sorber el suave líquido de tu pubis. Te extraño cada mañana que despierto húmeda porque he soñado contigo, cada tarde que tu recuerdo hace que mi mano empiece a tocarme, cada noche que espero que llegue para poder soñar con tu cuerpo apretado al mío.

Te extraño
Lucía

Querida Lucía:
Sé que el amor para la mayoría es una cosa romántica y encantadora, para mí no. Lo siento mucho. El amor para mí es cuerpos sudados y una buena conversación luego del sexo. No esperes que te escriba a diario, ni siquiera una vez a la semana, no esperes que sueñe contigo, ni que te ame con locura, no esperes que piense tanto en ti que no me acueste con otros. Te extraño, lo admito, a veces me encuentro con tu olor en las sábanas y siento una necesidad casi orgánica de apachurrarte. Pero de ahí a ese afecto obsesivo, por favor, no me obligues a ser amable inventando ese tipo de cosas. Cuando vuelvas te iré a recibir al aeropuerto, y te llevaré a mi departamento y te desnudaré por completo sin que lo sientas y te haré el amor con todo mi corazón, pero mientras estés lejos, déjame olvidarte por un rato y no amarte de esa manera.

Un beso

Anna

He escrito estas líneas para que comprendan de qué manera me siento ahora. No sólo sin Anita y sin mi patria, si no que prácticamente libre de ataduras, con la posibilidad de tirar con quien quiera y sin poder si quiera comprender el idioma. Así que en cuanto recibí la carta y superé el shock del primer momento, me acerqué a mi padre y le dije “Sé que ha sido muy lindo y muy educativo salir juntos todos estos días, pero necesito urgente una buena noche de juerga” mi padre me miró con cara de “habla más lento” así que hice el gesto respectivo y le dije “quiero tomarme unos tragos”. Él sonrió y empezó una frase con “nosotros…” y yo lo detuve: “no papi no, nosotros no, nosotros de día, ahora necesito ir sola ¿a dónde voy”.

Después de una media hora de conversación de sordos, por fin logré que me dijera como llegar a un Irish pub cerca de nuestro departamento. Así que me puse la mejor ropa que había traído (luego la tapé con una horrible casaca, chalina, guantes y gorro) y salí a divertirme ¿qué tal si mañana les cuento qué pasó.

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martes, 5 de enero de 2010

El boy

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 Tenía yo 27 tacos, ganas de ganar dinero y se me ocurrió ponerme en contacto con una agencia de chicos. Quedé con el dueño para una entrevista, charlamos, me preguntó por que no me dedicaba a los hombres que había más trabajo, le dije que no que no me interesaban, que no estaba tan necesitado. Me hizo desnudarme, y masturbarme. Cómo le convencí totalmente, me puso el primero de la lista. Me comentó que las principales clientas eran señoras extranjeras en los hoteles y despedidas de soltera en chalets de la sierra donde íbamos varios chicos y chicas de otra agencia de una amiga, hacíamos un show en directo y luego ya negociabamos allí si querían algo más con la novia, o alguna en particular, o todos en conjunto.

El sábado siguiente me llamó para una despedida en Las Rozas, íbamos una chica, otro chico y yo, teníamos que pasar por el local para que nos diera las señas , recoger preservativos que siempre nos proveía y conocer a los otros chicos. Allí me presenté a las once de la noche pensando en donde me había metido, que pintaba yo en todo eso, si no daría la talla, si me iba a poner nervioso, imagínate. Pero cuando vi al otro chico, Diego, se me subió la moral, no era ni para tirar cohetes, un tio normal, un poco cachas pero nada del otro mundo, yo modestamente le daba mil vueltas.

Vicky, la chica, terminó de subirme la moral, era argentina, muy guapa de cara, con su pelo caoba, muy risueña y habladora y aunque menuda tenía un cuerpo de escándalo. En seguida congeniamos, comenzó a piropearme y a darme ánimos, prometió ayudarme en todo en mi primera vez. Yo no paraba de pensar que en apenas unas horas estaríamos desnudos follando como locos delante de unas chicas, lo cual me provocaba una mezcla de morbo y nerviosismo muy agradable.

En el coche comenzó a explicarme con total naturalidad, Diego ya había hecho más sesiones con ella , que es lo que íbamos a hacer: Al ritmo de Joe Cocker en Nueve semanas y media comenzaría un streap-tease entre nosotros dos a la vez que nos iría desnudando y tocando lentamente mientras nosotros acariciabamos su cuerpo. Insistió mucho en que mirásemos a las chicas a los ojos mientras lo hacíamos, como si fuera a ellas, que eso las ponía muy cachondas.

Luego ella iría tomando la iniciativa improvisando según como nos fueramos excitando. Yo te puedo jurar que ya estaba totalmente excitado en el coche. Y me advirtió que estuviera muy pendiente de sus gestos e indicaciones al oído...

Por fín llegamos al chalet. Mis piernas comenzaron a temblar sin poder remediarlo. Vicky me cogió de la mano. Dentro nos esperaban seis chicas más nerviosas que yo. Las presentaciones las hizo la dueña de la casa, una morenaza de quitar el hipo, esta si tenía mucha sangre fría y una mirada que te desnudaba. Nos presentó a la homenajeada, una chica menudita, muy risueña y cortada. Las otras chicas tambien eran muy majas, se mantenían en un segundo plano, cuchicheaban y se reían entre ellas.

Nos invitaron a una copa, charlamos un rato de trivialidades y por fin nos dedicamos a lo nuestro. Todo marchaba según lo previsto, comenzamos el streap-tease, la verdad es que nos estaba quedando bastante bien y sin haber ensayado, yo copiaba en todo a mi compañero. Poco a poco nuestras ropas fueron desapareciendo, la poca luz del salón daba un toque de sensualidad sobre nuestros cuerpos. Al final de la canción quedamos los dos de pie en ropa interior y Vicki de rodillas en el suelo con sus manos en nuestros sexos. Las chicas aplaudieron y nos jalearon entre risas, la morena era la que más nos azuzaba:- Vaya culos! Eso si que son paquetes!

Vicky comenzó a masturbarnos sobre la tela yo fije la vista en los ojos de la morena. La tía no me sacaba ojo de encima, parecía que era ella la que me estaba sobando la entrepierna. Entre su mirada lasciva y la mano de Vicky mi cuerpo comenzó a reaccionar poderosamente. Vicky me miró y me guiñó un ojo sonriente. -Daros la vuelta- susurró. Le hicimos caso y ella se puso tambien frente a nosotros. Comenzó a bailar frente a cada uno de nosotros a la vez que nos bajaba el slip. Una vez quitado se llevó nuestros miembros a la boca, primero uno y luego el otro. La pitada fué sonora: -Daros la vuelta, ehhhh, queremos ver! Los dos al unísono nos giramos con nuestras pollas totalmente tiesas apuntando a las chicas. Como puedes suponer, algarabía general, la que no abría los ojos como platos, los cerraba y se tapaba con las manos. Pero en seguida todas estaban como hipnotizadas sin pestañear viendo como Vicky nos acariciaba de arriba abajo y nos chupaba con destreza.

Yo estaba cachondo como un semental, con una tía amorrada a mi polla y otras seis contemplando el espectáculo, te puedes imaginar. Yo no podía retirar los ojos de la morena, su mirada me hipnotizaba, era como si sintiera sus labios sobre mí, era una mirada que te follaba, no había sentido eso nunca. Vicky paró de comérnosla y tirando de nuestras pollas nos llevó hasta las chicas: -¿Alguna se anima? ¿La novia quiere probar? dijo acercándolas a su cara y golpeándole las mejillas con ellas. La chica rehusó entre risas, como haciendo ascos. -Vamos, ¡que se la chupe, que se la chupe, que se la chupe!, cantaban sus amigas excitadas. Ella escondía su cara colorada entre las manos diciendo que no, sus amigas insistían una y otra vez. Poco a poco su resistencia iba desapareciendo hasta que lenta y tímidamente se atrevió a cogerlas en sus manos. Unas manos dulces, suaves y cálidas que pusieron nuevamente en guardia nuestras herramientas. Al final conseguimos arrancarle un besito en la punta de nuestros capullos, un beso tierno y casto si se puede considerar así un beso en esa parte.

Vicky comenzó a vacilar un poco con ella, que si ella se lo perdía, que era su última oportunidad de probar otras pollas, que se arrepentiría toda su vida... Con sus manos aferradas a nuestros sexos se pasó por todo el grupo como ofreciendo un micrófono a ver si alguna se animaba. Yo estaba deseando que la morena de mis sueños se lanzara a por ella pero no, cuando me di cuenta estaba siendo succionado ferozmente por otra de las chicas, una rubita con muchas tetas en la que no me había fijado especialmente. Joder la niña que boca, no se cortaba un pelo, sus amigas y nosotros estábamos alucinando. Vicky le sacó mi polla de la boca y le introdujo la de Diego. -Deja un poco para mí dijo y continuó ella en primer plano pegada a las caras de las chicas boquiabiertas.

De nuevo nuestra compañera haciendo de maestra de ceremonias nos llevó hacia el centro del salón y se tumbó en la mesa baja mientras decía -¡comedme! Diego se lanzó a por sus tetas y yo bajándole el tanga me entregué totalmente a su coñito sabroso, dio la casualidad que cada vez que levantaba la vista me encontraba con los ojos de mi amiga la morena que no perdía detalle. Yo comencé a mirarla como dedicándole la comida a ella. Me propuse ponerla nerviosa con mis miradas a la mujer de mirada morbosa e inquietante.

Vicky se levantó y tumbó a Diego en la mesa, tras ponerle un preservativo se sentó sobre él y comenzó a cabalgarlo. Yo de pie acerqué mi polla a sus labios y me dejé hacer. Continuaba mirando con deseo a la chica de mis sueños como queriendo traspasar su boca lujuriosa. -Esta no se me escapa- me dije a mí mismo.

Las chicas, excitadas no perdían detalle de la escena que se desarrollaba a escasos palmos de ellas. La temperatura en el salón aumentaba por momentos. Sólo se oían nuestros jadeos y los gemidos de Vicky cada vez que saltaba sobre la polla de Diego. Ahora era mi turno, nuestra compañera se levantó, me tumbó a mí en la mesa y con destreza me colocó un preservativo con la boca. De espaldas a mi se sentó sobre mi polla con sus piernas bien abiertas de frente a las chicas.

- ¿Alguna quiere ser la siguiente en ser follada? -dijo Diego paseándose rampante delante de ellas. De nuevo las risas, las miradas, los empujones, todas lo deseaban pero ninguna se atrevía a dar el primer paso. Diego se acercó a la más atrevida que antes había jugueteado con nosotros y tomándola de la mano le ayudó a levantarse. Ella, remoloneando y haciéndose la sorprendida, se resistía sin fuerza entre risas. Diego tomó su mano y la llevó a su polla. No hizo falta insistir mucho pues ella se aferró al instante al instrumento.

-¿Quereis ver cómo me follo a vuestra amiga? dijo Diego mientras sus manos acariciaban sus tetas voluminosas y su trasero. -Venga Elena, fóllatelo, gritó la morena, aprovecha la ocasión, dijo entre risas. Elena sin apenas darse cuenta por la excitación ya estaba casi desnuda. Diego había sacado uno de sus pechos por encima del sujetador y lo estaba saboreando en su boca. Ya le había bajado los vaqueros hasta media pierna y sus manos exploraban bajo sus braguitas.

Las chicas observaban absortas con envidia a su atrevida amiga que ya perdido el pudor del primer momento se había lanzado de lleno a la lujuria. Diego la tenía de pie contra la chimenea follándola por detrás mientras con sus manos masajeaba sus cimbreantes tetas. Elena no paraba de gemir excitada. Al observar la escena, azuzado por ella, agarré a Vicky por las nalgas y elevándole los muslos en el aire comencé a bombearla impetuosamente digno de la mejor escena porno. Ella se recostó sobre mi pecho, su cabeza junto a la mí y me susurró al oído: -Sigue así Pedro, que rico, me estás matando. Mientras con sus dedos se masturbaba fieramente.

-Quiero darte por detrás- susurré mientras me escabullía. De pié los dos, me puse tras ella, entrando en su cuerpo con facilidad, agarré sus brazos llevando sus manos a mi culo donde clavó sus uñas para espolearme más. Así, en esta posición, podía contemplar a nuestras amigas, sus rostros, presos de la excitación, sus miradas de deseo. Me concentré de nuevo en la morena, cada una de mis embestidas iba dedicada a ella, la estaba follando con la mirada.

Ella estaba sentada al borde del sofá de tal manera que sus amigas no podían advertir que había bajado una mano hacia su entrepierna y comenzado a acariciarse disimuladamente mientras clavaba sus ojos inyectados en lujuria en mí...

- Me quiero follar a la morena, ayúdame. Susurré en el oído de Vicky mientras le embestía con furia.
- Tranquilo, ya la tienes, mírala, te come con los ojos. Está a punto de caramelo, mira como se toca.

Vicky tenía razón, la chica estaba totalmente absorta, sus piernas entreabiertas, su mano recorría su entrepierna sobre su vaquero. Me separé súbitamente de Vicky y me acerqué a ella con el arma cargada. La tomé de la mano levantándola del sofá. Con mi mano abarcando todo su culazo la atraje hacia mí y la bese golosamente en la boca.

Ella se pegó a mí como una lapa de tal forma que sus muslos aprisionaban mi polla y comenzó a moverse sensualmente, frotándose contra mí. Sus manos suaves y cálidas acariciaban mi espalda y bajaban hasta mi culo.

-¿Quieres que te desnude? pregunté. -Lo estoy deseando, susurró con ojos brillantes de deseo. Ven.

Me tomó de la mano y me sacó del salón escaleras arriba hasta llegar a un dormitorio. Una vez allí se abalanzó sobre mí, comenzó a besarme, mejor dicho a comerme, sus manos recorrían todo mi cuerpo con avidez y desesperación. -Quiero que me folles, quiero que me trates como una guarra, soy tu puta, destrózame, vamos, no tengas piedad, hazme todas las guarradas que quieras, fóllame como te follabas a tu amiga.

Mientras decía esto se arrodilló y se apoderó de mi polla con su boca. Yo estaba fuera de mí, sus palabras resonaron en mi mente sacando el animal que había en mí. La levanté de nuevo, arranqué su blusa haciendo saltar los botones. Le di la vuelta pegándome a ella por la espalda. Mientras mordía furiosamente su nuca, con mis manos soltaba sus pantalones y las deslizaba por dentro, sobre sus muslos comenzando a bajarlos. Estábamos sudorosos y acalorados, jadeantes. Ya la tenía casi desnuda, solo sus braguitas realzaban su cuerpo elástico de niña bien.

La tiré de espaldas en la cama, con mi manaza agarré su braguita y se la arranqué de un tirón. -Ya eres mía, zorra, te voy a hacer disfrutar de lo lindo, prepárate que te voy a follar como nunca lo han hecho esos niñatos con los que sales. No te vas a poder sentar en una semana. Mientras decía esto levanté sus muslos y tiré de ella atrayéndola hacia mí, abrí bien sus piernas y hundí mi boca en su rajita, la tome fuertemente por la cintura y la levanté en volandas boca abajo.

Ferozmente, comencé a devorar su coño que sabía a gloria, ella se aferró a mis caderas para no resbalar y comenzó a lamer mi polla, en una posición de 69 de pie de lo más difícil, pero excitante. Sacando fuerzas de no sé donde, espoleado por la situación, le di la vuelta en el aire todavía hoy no sé cómo y me deslicé dentro de ella. Comenzó a jadear como una perra en celo agarrada a mi cuello y mordiendo mi boca yo dejaba caer su culo sobre mi polla una y otra vez embistiéndola cada vez más profundamente.

-¿Te gusta que te follen así, guarrilla, te encanta que te empalen?, a que sí. Le gruñí al oído. -Sí, clávamela bien al fondo, joder cómo te siento, me encanta. Mis piernas comenzaron a flaquear y la dejé caer sobre la cama. Agarré su cabeza y la llevé hacia mi polla. -Vamos, cómetela, saboréala, está llena de tus jugos, déjala bien brillante, así, me gusta tu boca, sabes cómo usarla, se nota que te has comido muchas pollas, a que sí mi putita -Sí, dámela toda, quiero comérmela, ummmmmmm, me encanta como sabe.


-Vamos perrita, ponte a cuatro patas, enséñame ese coñito jugoso, te voy a perforar, dije mientras me subía de pie sobre la cama y doblando ligeramente las rodillas me introduje de nuevo en su sexo salvaje. Comencé a saltar brutalmente follándola sin descanso. Ella gritaba como una posesa, agarrada a mis tobillos. Mis manos se clavaban sobre su grupa y cabalgaba ciegamente. Mi amante se desplomó de bruces sobre la cama. Yo pegué mi cuerpo al suyo, cogí sus manos con las mías y separé sus brazos de su cuerpo sin parar de follarla, nuestros sexos eran puro fuego. Me sentía totalmente dentro de ella, llegando hasta el final, su vulva se cerraba sobre mí en un abrazo espasmódico. Su culo me empujaba hacia atrás como queriendo meterme más y más dentro de ella. Sus gritos se volvieron aullidos primero y luego gemidos de placer. Cayó totalmente extenuada sobre las sábanas con la respiración entrecortada y sin aliento.

No sé el tiempo que estuvimos allí pero los asaltos fueron continuos y brutales. Al final salimos de allí totalmente escocidos pero satisfechos y con un buen dinerito en el bolsillo. Claro que también lo hubiese hecho por placer.

Esta historia es de un amigo de facebook,  Boquita de Beso. Muchas gracias por tu histora

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lunes, 4 de enero de 2010

Año nuevo 2010, Anita. Continuación

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Me eché a su lado mientras ella se recuperaba. Tenía una sonrisota enorme en la boca y su pecho todavía subía y bajaba agitadamente. Cuando recuperó el aliento volteó y me preguntó que por qué me iba a Austria,



-Nada, le dije, es un trato con mi papá. Él me mantiene, y yo trabajo en recuperar el tiempo perdido dos meses al año allá en su patria, por eso saqué el pasaporte, ¿te acuerdas?



- ¿Y cuándo viajas?



- El 13



- Entonces no tenemos tiempo qué perder



Se volteó para sacar algo de su mesa de noche y lo que vi fue algo que sólo había visto en fotos hasta ese momento: un dildo doble. Sin apoderarse de mí, ni tirárseme, ni volverse loca, me lo mostró como quien muestra una rosa: “Quiero que entiendas que esto es un acto de amor, ahora puedes irte si quieres, pero si te quedas tienes que entender que es un acto de amor” Yo no estaba preparada para una cosa como esa. Estuve a punto de pararme e irme pero todo lo que habíamos vivido pasó por mi cabeza y me di cuenta de que tenía al frente una mujer maravillosa. Así que en el mismo nivel de romanticismo, le di un beso a su dildo y me recosté.





Entonces ella pasó una de sus piernas sobre mí y se acomodó para montarme. La tenía sobre mí, con las piernas abiertas y con un dildo doble, rosado, hermoso, la tenía sobre mí en pleno acto de amor. Acercó su boca y me besó, y yo llevé mi mano detrás de su cuello y la apreté como para que no se me escapara. Llevó una de sus piernas entre las mías y frotó su muslo contra mi pubis. Sentí su pecho contra el mío así que bajé la mirada para vernos. Desde donde yo estaba, podía ver nuestros dos pares de tetas bamboleándose, nuestras dos barrigas juntándose llenas de sudor, y abajo ahí donde ya no podía ver, intuía nuestros sexos jugando a apoderarse el uno del otro. Cuando se sintió húmeda, Anita se agachó y humedeció mi sexo con su lengua (aunque realmente no lo necesitaba) Luego cogió el dildo y puso la punta de éste en el inicio de mi agujero, y presionó ligeramente. Un gemido escapó de mí. Luego lo sacó y lo volvió a meter, está vez ligeramente más adentro. Otro gemido vibró en mi boca. Siguió haciendo esto con tranquilidad hasta que la mitad del dildo estuvo dentro, luego sin hacerse el mismo trabajo para sí, se hundió la otra mitad en un segundo. Fue extraño sentirla tan cerca, sentirme inundada por dentro y al mismo tiempo sentir esa suave piel, ese olor embriagador. Nuestro dildo, no era como ese que yo tenía, que me hacía compañía y me satisfacía cuando estaba sola, éste por el contrario, me unía a Anita uniendo nuestros jugos, apretando nuestros sexos, haciendo que nuestras manos estén libres para obrar en nuestros cuerpos. Así mientras nos frotábamos, mis manos acariciaban ese trasero hermoso que adoré desde el principio y ella chupaba mis tetas como bebiendo sabia de mi cuerpo. Nuestras caderas iban y venían y mientras yo sentía algo en mi cuerpo que no había sentido antes. Explotamos en una bomba enorme, cuando terminamos yo tenía a Anita todavía sobre mí, sudando y vibrando, agitada todavía y con su pelo sobre mi hombro. Ese dildo nos convertía en un solo ser mitológico con cuatro piernas y cuatro brazos. Fue sólo ahí cuando comprendí a qué se refería con “acto de amor”.

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domingo, 3 de enero de 2010

Año nuevo 2010, Anita

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A la mañana siguiente llamé a Anita por teléfono y me contestó como si nada hubiera pasado. Yo que esperaba la clásica niña escandalosa que me iba a hacer sufrir por una semana sin contestarme para finalmente aceptar salir conmigo como si yo le debiera algo. La verdad me hice problemas por gusto. No nos vimos hasta después de Navidad, pero estuvimos hablando por teléfono. Me dijo para hablar por Messenger pero casi nunca tengo tiempo para entrar y con la navidad y la visita a los parientes casi no anduve conectada.



Cuando por fin nos vimos, estaba amable y parlanchina. Su voz suave y dulce, también podía ser dicharachera, ácida, con tonos altos y bajos y juguetona a más no poder. Hablamos durante horas con una pizza entre nosotras y una botella de vino, hablamos tanto que cuando vi por la ventana y ya estaba amaneciendo. Me llevó en su carro a mi depa y antes de subir me dio un beso suave y pequeñito, tan suave y tan pequeñito que pensé que algo andaba mal.



Durante esos días entre Navidad y año nuevo nos vimos casi todos los días, salíamos más que nada a conversar, a ver una película o simplemente a caminar. Y al final era simplemente un beso y un chau. Yo estaba empezando a desesperarme, ¿dónde estaba esa locura de la que casi me había sentido enamorada?, ¿acaso había yo hecho algo malo que la había hecho desaparecer?



Si yo había hecho algo, eso tenía que ser borrado. Para año nuevo, como era de esperarse, salí con ella. Fuimos a un bar en el centro de la cuidad, en plena Plaza San Martín, la plaza más importante de Lima, luego de la mayor. No duramos ahí mucho después de la media noche, luego nos fuimos a otros distritos de la ciudad, Anita quería pasear por todo Lima y la verdad yo también. Frente al mar, en el mirador de Barranco, ella respiró profundo y me dijo “espero no te moleste te haga pasear por toda tu ciudad, es así como yo siento que la disfruto más”; “No te preocupes, es rico verla así poco antes de desaparecer de ella por dos meses”. Su cara me asustó, tuve que explicarle que viajaría a Austria en enero, pero que sólo sería un par de meses, entonces fue cuando se acabó el chiste. Anita me cogió de la mano, me llevó hasta el primer taxi que encontró y me llevó hasta su departamento. En el camino estaba ansiosa, hasta enojada, tanto que no me atreví a decirle nada. Pero cuando llegamos al depa y me empezó a besar sentí que debía aclarar las cosas.



Te vas a Austria, me dijo, y yo perdiendo el tiempo con romances estúpidos. En ese momento comprendí todo, la abracé de la cintura y empecé a besarla. Esta vez no iba a permitir que no me dejara disfrutar de ella. Le besé el cuello, mientras le apartaba las manos de mí. Ella luchaba por apoderarse de la acción pero yo estaba tan ansiosa y desesperada que saqué fuerzas de donde no existían. La tiré a la cama y me perdí en su cuerpo. Recorrí y besé esas tetas que me había imaginado tantas veces, olí esa barriguita que había abrazado fingiendo que no me importaba, metí mis manos en ese culo que me volvía loca desde la primera vez que la vi alejándose de mí y hundí mi nariz y mi lengua en ese pubis dulzón y maravilloso que había estado tantas veces prohibido para mí. Después de un rato pude sentirla reventar en un orgasmo maravilloso y por fin sentí el placer de darle placer a esa mujer que tanto me había dado en la cama, que tantos sueños húmedos me había regalado y que tanto había alucinado.



Me eché a su lado mientras ella se recuperaba. Tenía una sonrisota enorme en la boca y su pecho todavía subía y bajaba agitadamente. Cuando recuperó el aliento volteó y me preguntó que por qué me iba a Austria,



-Nada, le dije, es un trato con mi papá. Él me mantiene, y yo trabajo en recuperar el tiempo perdido dos meses al año allá en su patria, por eso saqué el pasaporte, ¿te acuerdas?



- ¿Y cuándo viajas?



- El 13



- Entonces no tenemos tiempo qué perder...

Esta historia no está completa, pero prometo mañana contarles lo que falta. Hoy tuve un problema.


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jueves, 31 de diciembre de 2009

un correo caliente

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Este es un mail que recibí hace unos días

Desde hacía varios días que veía a Augusto y me daba cuenta de que me encantaba. Estaba con novio, pero lo único que podía imaginar era estar con él, besarlo, tocarlo, sentir su piel y todo su cuerpo sobre mí. Estaba obsesionada con su sola presencia, lo veía, me embobaba, no podía apartar mis pensamientos de él. Me ponía tan tonta cuando lo veía, que se me aceleraba el ritmo cardíaco y hasta llegué al punto de escribirle cosas hiper cursis, de las cuales ahora me arrepiento.

Él me miraba y me perturbaba. Sabía lo que hacía, y por eso lo hacía. Una noche de aquellas en las cuales su presencia invadía mi cabeza, soñé con él. Mis sueños son bastante confusos normalmente, pero éste era más claro que el agua. Estábamos en el lugar donde solemos cruzarnos, charlabámos animadamente. De repente, mis manos rodearon su cuello y mi boca se juntó con la suya en un beso muy mojado. Él me arrojó contra una pared y llenó mi cuello con sus besos, a tal punto que sentía mi cara enrojecer, mi vagina mojarse, mis pezones endurecerse. Él lo notaba, y apretaba mi cuerpo más y más, me arrancaba la ropa... Y en la mejor parte, me desperté.

Los días pasaron, las miradas seguían y una tarde de esas, se me ocurrió pedirle su número de celular. Se acercaba el fin de semana y mi excusa perfecta era juntar a mi grupo con el suyo y pasar un momento agradable. Él aceptó sin ninguna objeción mientras me lanzaba miradas enigmáticas, como si supiera de mi sueño, el cual llenaba mi cabeza todos los días.

Llegó el fin de semana y finalmente nos vimos. Como él no sabía la dirección, me ofrecí a esperarlo en un lugar y después irnos hasta el departamento de mi amiga. Tengo que recalcar que para ese momento, había tomado mucho, y no me importó saber que estaba en pleno centro, así que le encajé un beso. Ay, por Dios, qué beso. Creo que nunca en la vida, besé a alguien con tantas ganas. Quería pasar a asuntos mayores sí o sí, pero me acordé que estaba en la calle y que su amigo estaba parado a nuestro lado, observando la situación. "Vamos", dije y lo tomé de la mano. Augusto iba unos pasos delante de mí, así que tuve tiempo de observarlo detenidamente. Llevaba pantalón de jean, remera, camisa, zapatillas, todo desprolijamente ordenado. Pelo castaño claro revuelto, en su mano un cigarrillo. Ojos marrones, pestañas encorvadas, Boca roja, hermosa, que me llamaba a hacer bastantes maldades. Seguimos caminando, llegamos al departamento. Nos quedamos allí, conversando, riendo. Él me tomaba la mano, yo lo miraba, necesitaba una excusa para salir de ahí. "Voy a comprar cigarrillos", dije y me paré. Al rato, lo vi detrás de mí diciéndome "Yo te acompaño". El departamento de mi amiga quedaba en el 4º piso. Él llamó al ascensor, pero yo lo tomé de la mano, me saqué los zapatos que hacían bastante ruido y le dije, de la forma más sensual posible, "creo que es mejor ir por la escalera".

Como era de noche, la única luz que había era la de las ventanas, lo que hizo la situación bastante más interesante. Ni bien bajamos dos escalones, lo arrinconé en una pared y le encajé un beso. Lo besé con locura, qué me importaba. Quería comerle la boca literalmente, me estaba muriendo de ganas. Él me sacó y me puso a mí contra la pared, me bajó la remera y se encontró con mis pezones, que estaban muy duros, a punto de estallar. Los besó, se hundió en mis tetas, yo no quería que salga. Estaba empezando a mojarme. Lo aparté, lo arrojé sobre las escaleras, le levanté la remera. Empecé a recorrer con mi lengua todo su torso, deteniéndome cerca de su pubis. Toqué su pene sobre la ropa, estaba muy duro. No me aguanté la tentación y le desabroché el pantalón. Comencé a chuparlo con tantas ganas. Estaba muy duro, a punto de explotar, lo cual me excitaba aún más. Seguí chupándolo, pero quería dejarlo con las ganas, así que me paré y me fui a planta baja. Al rato, bajó él con una sonrisa vaga en su cara, me tomó del cuello y me encajó un beso. Después de ir al kiosco, quedaba otro tramo por la escalera. Llegamos a la parte oscura, me puso contra la pared. Desabrochó mi pantalón y bajó mi ropa interior. Se agachó y me dio el mejor sexo oral de mi vida. Sentía su lengua por toda mi vagina, sentía que me mojaba y que su saliva se enredaba con mis jugos. Él tocaba mis pezones, mis pechos, yo quería gritar, estaba muy excitada. Estaba a punto de acabar... Cuando empezó a subir las escaleras.
Pasó la noche y nos fuimos juntos a su departamento. Yo había pensado en cogérmelo toda la noche, pero recién a la madrugada, se pudo dar. Me saqué la ropa, lo desnudé a él, comencé a recorrer su cuerpo con mi lengua. Llegué a su jugoso pene, que estaba tan duro como antes y me detuve a chupárselo. Mmm, qué rico fue llenar mi boca con su pene, recorrerlo todo, chupar sus testículos. Él se retorcía de excitación y eso me calentaba aún más. Alternaba movimientos bruscos con movimientos suaves, usaba mis labios, así como también usaba mi lengua. Me encantaba chupárselo, era tan rico... Hasta que su leche llenó mi boca, su jugosa y caliente leche llenó mi boca y yo me la tragué con el mayor de los gustos. Deliciosa.

Llegamos al segundo round. Mi placer estaba en saber que él la estaba pasando bien,
quería verlo disfrutar, el verlo retorcerse de placer me excitaba, me calentaba. Estábamos ahí, ardiendo los dos, hasta que lo puse boca arriba y me monté sobre él. Su gordo pene entró en mi vagina húmeda, entraba y salía, yo lo controlaba. Él tocaba mis duros pezones, mi culo, me pedía que no pare, y yo, no pensaba hacerlo.

Cabalgué sobre él hasta que lo sentí acabar... Ay, pero qué rico; él terminó y yo miré su rostro, estaba muy excitado. Me dijo que le encantó cogerme, y que quería más, pero yo tenía sueño, así que me vine a casa.

Sólo una pregunta, querida lectora... ¿tú nunca llegaste al orgasmo? si es así ¿POR QUÉEEEEEEEEEE?


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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Sexo en la cocina

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Desde el 2006 en que terminé la universidad nos reunimos cada año para tomarnos unos tragos, conversar, ver cuánto hemos cambiado y pasarla bien. Este año, como estoy viviendo sola, los invité a mi depa. Cada vez somos menos así que no iba a venir mucha gente, por lo que supuse que no importaba si invitaba a Anita y así lo hice.

Mis amigos llegaron temprano, porque la idea era comer algo para luego tener tiempo de emborracharnos hasta las últimas consecuencias. Invité a todos como a las ocho, pero como buenos peruanos empezaron a llegar a las nueve y media. A las once ya estábamos conversando, terminando la comida y empezando a tomar y pronto a bailar. De Anita, ni señales.

Martín, un viejo amigo y ex amante había venido con su novia, Tania una chica con la que alguna vez tuve una pequeña y muy memorable aventura también había venido con su novio. Andrés también. Empecé a ver a mis invitados y todos estaban emparejados, incluso los feos, los antipáticos, incluso aquellos que uno jamás habría imaginado, alguien les iba a dirigir la mirada, estaban ahí con una pareja, temporal o permanente. Yo, debía tener de la mano a Anita, pero Anita, que me había confirmado y hasta llamado para repreguntarme la hora no aparecía. Cerca de media noche llegó Percy.

Percy es alto, fuerte y guapo, sin rodeos ni tonterías, es guapo y punto, nadie lo puede negar. Es el mayor de nosotros así que cuando empezamos la universidad él ya estaba casado y aún ahora seguía casado, pero para disfrute de todas nunca intentó serle fiel a su mujer y jamás la llevaba a las fiestas. Esta noche no fue la excepción, llegó a media noche, lleno de trago y piqueos para invitar, justificando su tardanza con su gran generosidad. Todos lo recibimos con los brazos abiertos y yo, sentí que ya era demasiado tiempo que tenía la vista puesta encima de él sin haber intentado nada. Anita no llegaba y yo no iba a estar esperando toda la vida. Así que con una mezcla de rabia y deseo me acerqué a Percy y lo invité a bailar “no, no yo no sirvo para eso” yo no iba a recibir una negativa así que torneé los ojos y le dije “me vas a negar una tonta pieza de baile y me vas a hacer quedar en ridículo” con la carta de la caballerosidad un tipo como Percy siempre terminaría haciendo lo que debe. Y lo que debe es lo que una quiere.

Sentí el interés de Percy inmediatamente, me apretó contra él y me llevó toda la canción con la mano abierta y ligeramente debajo de la cintura, como quien no quiere llegar lejos aunque lo intente. Pude sentir sus piernas pegándose a las mías y finalmente, cuando la canción terminó bajó su mano y “sin darse cuenta” tocó mi trasero mientras se soltaba de mí. A mí eso me empezó a excitar y además me excitó saber que la presa ya estaba en la red.

Me mantuve cerca de él, pero tratando de no parecer pegajosa. La verdad no necesité mucho tiempo, si yo me alejaba, era él el que se acercaba con alguna excusa, así que en no menos de media hora, le dije que me acompañara a la cocina a traer hielo. No tenía ni dos pasos dentro de la cocina cuando sentí que Percy cerraba la puerta detrás de él y me cogía de la cintura: “Con esas piernas, no deberías usar faldas tan cortas” yo volteé y le puse las manos en el cuello “¿no te gustan mis piernas?”, y mientras me besaba el cuello “más que gustarme, me traen loco, debería ser ilegal mostrarlas así, mira que estoy tratando de ser fiel” yo me reí, me encogí de hombros y empecé a besarlo.

Si hay algo que me gusta de los hombres altos y fuertes como él es que primero empiezas poniéndote de puntitas para abrazarlos bien pero luego ellos te cargan y se encargan de hacerte sentir como una pluma en sus brazos. Eso hizo Percy, me cogió del trasero y me levantó haciéndome poner las piernas alrededor suyo, luego se dejó caer en una silla y me quitó el polo. Yo no estaba para cosas románticas, así que me quité el sostén y se lo puse de collar. Pude ver en sus ojos ese placer estúpido, mezclado con sorpresa que llevan los hombres en cuanto ven las tetas de una mujer. Puso sus dos manos sobre mis pechos y las sintió como si de medirlas se tratara, parece que quería sentir mis pezones con la palma de las manos, ahí donde es más sensible. Luego llevo la cara a ellos, pasó los labios por mis pezones como si de subrayar la textura se tratara, luego empezó a pasar sus labios suavemente por en medio de mis tetas y bajó lo que pudo en esa posición.

Luego, en dos segundos, me vi despojada de mi ropa interior, mientras él estaba vestido; yo, completamente desnuda. Me paró frente a él para observarme. Me miró de pies a cabeza. Revisó mis tetas duras, mis pezones rosados, mi cintura encogida por los ejercicios, mis caderas anchas, me dio la vuelta para ver mi trasero y luego me jaló hacia él. Cuando estaba cerca me di cuenta de que su pene ya estaba fuera y me lo había metido casi de sorpresa, yo no estaba preparada para recibirlo, pero la manera en la que llegó fue tan abrupta que me encantó. Casi me hace gritar, pero mi grito fue empañado por ese placer maravilloso de un pene que entra y sale y se mueve dentro de ti. Como estaba de espaldas a él, sus manos acariciaban mi vello púbico, mi clítoris, y agarraban mis muslos con fuerza y desesperación. Yo, medio agachada y con las piernas abiertas, en una posición que de estar con un hombre más pequeño habría sido incómoda, me las arreglaba para moverme y seguir su ritmo. Pronto terminé y me dije. Este tipo merece un poco de mi boca. Entonces me deshice de sus brazos y bajé mi boca hasta su pene. Mi olor estaba ya mezclado con el suyo, y esa es una de las cosas que más me excita en esta vida. Saqué la lengua y empecé a saborear esa mezcla de jugos, luego metí la punta en mis labios y empecé a meter y sacar el pene de mi boca despacio, cogí con mis manos sus testículos y los acaricié mientras saboreaba ese elixir.

Percy se dejó llevar por un rato, acariciándome la cabeza suavemente mientras yo se la mamaba, pero cuando la cosa se puso más fuerte y él estuvo a punto de darla, me detuvo y me dijo “yo quiero darla dentro tuyo” así que me jalo y me sentó en sus piernas, me la metió de un solo jalón y empezamos a movernos. Con ese movimiento y con todo lo que había pasado, más los tragos que llevábamos encima no pude evitar empezar a gemir y hasta a gritar un poco. Habré soltado unos cuantos gritos cuando él metió su boca en mi mano para que la mordiera sin gritar, justo cuando terminábamos juntos. Caí en su hombro con una sonrisa enorme en la cara.

Le di un beso en el cuello, y luego me paré y me empecé a vestir. Mientras se vestía Percy empezó a hablar “Oye Lucía, tú sabes que soy un hombre casado, ¿no? Yo no puedo estar pensando en nada aparte de lo que ha pasado esta noche, no me malinterpretes, ha sido maravillosos pero…” esta vez, yo le metí la mano a la boca y mientras aguantaba la carcajada le dije “déjate de tonterías, yo también tengo pareja” Incluso mientras lo decía no me lo creía, sólo había salido una vez con Anita y nada había pasado luego, ese día me había plantado y no sabía si pasaría algo más, pero algo en la conversación que habíamos tenido, me había hecho pensar que entre las dos había algo más. Abrí la puerta mientras Percy terminaba de acomodarse la camisa y lo que vi me dejó estúpida. Anita estaba parada frente a la puerta, con una rabia obviamente contenida y los ojos rojos de aguantarse el llanto. Supongo que no tengo que explicarles que corrí tras ella y traté de disculparme, pero ella en silencio seguía caminando, en cuanto pudo tomó un taxi y sin decirme una palabra se largó.

A veces me justifico pensando que en ningún momento hablamos de relación, pero supongo que igual me porté mal, ¿no? ¿Ustedes qué dicen?




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viernes, 18 de diciembre de 2009

Parece que no soy la única que sueña con llevarse a la cama a un escolar

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Me mandaron una nueva historia. No sé ustedes pero yo siempre he querido tirarme a un chiquillo de colegio, parece que no soy la única que tiene esa fantasía.

Mi primera vez fue un día en el que me iba al liceo con toda normalidad. Yo tenía 16 años en ese momento. No me acuerdo por qué tuve que pasar por casa de una amiga de mi madre. En cuanto la vi no pude evitar fijar mi mirada en su diminuto short blanco y en sus pezones, ya que no llevaba sujetador y se veían perfectamente. Ella tenía 35 años, pero se veía muy bien, aunque era baja de estatura tenía un culo espectacular y redondito y unas tetas firmes con unos pezones de uva.

Resulta que ella lo tenía todo planeado, me invitó a entrar y prácticamente en mi cara, me dio la espalda y se agachó para recoger un bikini que estaba en el suelo, luego se levantó, sonrió y me preguntó “¿Te gusta lo que ves?” yo no atiné a decir una sola palabra. Cuando ella se me acercó yo ya tenía el pene a punto de explotar dentro de mi pantalón. Ella se lo llevó a la mano y lo empezó a acariciar, se acercó a mí y me besó con pasión. Fue entonces que no pude más, la llevé a un sofá y le quité la blusa, ahí me encontré con esos hermosos pezones que no dudé en comerme mientras ella jadeaba y me decía “sí mi niño, hace tiempo quería que me comieras toda”

Luego, bruscamente, se separó de mí, me quitó el pantalón y el bóxer y dejó salir mi pene, que en esa época medía unos 17 cm “Esto era lo que yo quería comer” Lo empezó a chupar, yo lo tenía una barra de hierro. Cuando estaba a punto de explotar, se detuvo y me dijo “no puedes terminar, falta lo mejor” me acostó sobre la alfombra y lentamente, mientras se sentaba sobre mí, se iba metiendo mi pene a su vagina “ah, qué rico se siente”, se fue moviendo, cabalgándome. En cuanto empezó tuvo su primer orgasmo, pero continuó moviéndose como toda una veterana. No pasó mucho rato antes de que yo me corriera y ella tuviera su segundo orgasmo. Al terminar yo me recosté a descansar, pero ella quería más y que yo tenía que satisfacerla. “yo te chupe el pene, así que lo justo es que tú me chupes la vagina y te tragues mis jugos” Yo, sin chistar, me incorporé y le abrí las piernas, ella me tomó de la cabeza con sus dos manos y me presionó contra su clítoris, yo empecé a chuparla, lamerla toda, su vagina desprendía un olor que me excitaba todavía más y ya mi pene estaba volviendo a la vida. Ella no demoró en correrse en mi boca mientras gemía y decía “si papi, eres un buen niño” Cuando terminé, se acercó y me dijo que me iba a compensar. Entonces volvió su boca a mi pene hasta que se volvió a poner durísimo, luego fue hasta una gaveta y sacó un condón y me lo puso. Yo no sabía para qué me lo ponía si ya había terminado en su vagina. Pero ella se puso en cuatro y me dejó frente a los ojos ese hermoso culo “clávame por el culo, que esto es todo tuyo” me dijo mientras me daba una crema. Yo se la regué por las nalgas y en mi pene y sin dudar más acerqué la punta hasta la entrada de su culo y empecé suavemente (porque me dolía), ella me pedía a gritos que se la clavara completa, sus gritos me entusiasmaron y de un solo tirón, la tomé de la cintura y se la clavé hasta el fondo. Los dos pegamos un grito de placer y dolor. La dejé dentro por un momento y luego empecé a moverme lentamente. Mi excitación era tremenda, le daba duro, con movimientos rápidos, ella jadeaba y me pedía más y más, luego de un rato que yo no aguantaba más, le dije que iba a acabar. Ella se detuvo y me gritó “yo quiero tu leche dentro de mi culo, así que quítate el condón” yo la obedecí y me lo quité, ella me dio una mamada y otra vez se o metí por el culo y después de unos cuantos movimientos me corrí dentro de su culo mientras ella gritaba “qué leche tan caliente papi”

Nos quedamos dormidos los dos y al despertar nos duchamos y yo me fui a mi casa y quedamos para vernos al día siguiente. Ese año saqué las peores notas del liceo pero no me arrepiento.

Nuestro amigo nos pide comentarios, así que siéntanse libres de decir lo que gusten.

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miércoles, 16 de diciembre de 2009

Mi primera cita con Anita

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Su voz es suave y casi no tiene acento, sólo un pequeño problema con las erres, pero es algo que pasa desapercibido cuando estás tan embobada como yo. Me costó trabajo explicarle quien era porque no reconoció, o pretendió no reconocer, mi nombre. Me dijo que estaba por salir con unos amigos y me preguntó si quería ir con ellos. Yo pensé que la situación sería menos estresante que salir sólo con ella así que me decidí y le dije que la encontraría por su casa.

Cuando quiero impresionar uso mis piernas, así que ayer me encargué de que se vieran bastante. Me puse una falda chiquita con bobos que me hace ver especialmente sexy y un polo sin mangas rojo para hacer honor a los colores de nuestras banderas. La falda era negra pero mi ropa interior, blanca; así que si nos empezábamos a desnudar podía mostrarme bastante patriota (de mis dos patrias a la vez).

Cuando llegué ya estaba ella con un par de personas, luego llegaron tres más. Lo que jamás me imaginé, todos hablaban alemán y yo, que lo poco que sé de alemán es el par de palabras tiernitas que mi padre me decía de niña (luego decidió usar el inglés para cuestiones formales y legales y mi alemán se fue al diablo) y el par de meses que llevo ahora estudiando, me sentí totalmente perdida “Anita, yo no sé alemán”, me miró con los ojos abiertos de sorpresa y se encogió de hombros mientras me decía “ya aprenderás”.

Me pasé un buen rato mirando a todos fijamente a los labios tratando de entender alguna palabra, reía cuando reían y de vez en cuando soltaba un “ya ya ya” (se escribe ja, cosa que siempre me ha sonado de risa). Luego me llegó, me quedé pegada mirando a Anita, su pantalón apretado en sus piernas, su pelo castaño oscuro tapándole la cara de vez en cuando, sus ojos enormes y brillantes, ella toda tan coqueta con todo el mundo, logró convencerme de que todo había sido travesura de niña y que yo no estaba en sus planes en lo más mínimo. Trate de irme, me cogió de la muñeca y me dijo “vamos, espera un rato, todavía no hemos ido ni a bailar”, entonces pensé que sí estaba interesada en mí y me quedé, pero luego volvió a perderse en su maravilloso ignorarme. Al rato decidí de nuevo largarme “ahora sí me voy, lo siento, tengo que despertarme temprano”, “para nada niña, tú te quedas” y me agarró de la pierna como quien cogía algo que poseía. Se la pasó así, entre ignorándome y mandándome indirectas claras hasta que me enojé.

Me levanté como quien iba al baño y cuando ya la tenía lo suficientemente lejos para que no influyera en mí, prácticamente le grité en mi torpe alemán “Chau Anita, nos vemos” y salí casi huyendo de su fuerza magnética. No había llegado a la avenida cuando sentí que alguien me cogía de la cintura, volteé asustada y era ella “Mira, me has hecho abandonar a mis amigos, no los veo muy seguido” dije un par de tonterías excusándome por nada, diciéndole que podía regresar con ellos, que no había ningún problema conmigo, “tontita – me dijo – no te voy a dejar irte solita a tu casa, te llevo en mi carro”. Estuvimos en silencio un rato, yo estaba súper emocionada pero no sabía qué decir, así que Anita empezó “vamos vamos, qué tienes para contarme de tu vida, cómo es que eres austriaca y no sabes alemán” Cerré los ojos y hablé. La verdad es que aquí es fácil comentar estas cosas, pero en la vida diaria prefiero cerrar la boca. En el mundo real, salvo documentos oficiales, “Yo soy Lucía Navarro, aunque mis documentos digan lo contrario, conocí a mi padre, el austriaco, cuando tenía 15 años y recién he conocido mi segunda ‘patria’ el año pasado, por eso recién ahora estoy aprendiendo alemán” Tuve la ligera sensación de que, si fuera por ella, me habría sacado de la salita especial de la embajada y me habría puesto tras el vidrio. Al final, yo era austriaca por suerte o algo así y eso me ponía en una categoría inferior. “voltea a la derecha, después del carro de rojo de ahí”.

Cuando estaba por bajar me detuvo de la mano y me dio un beso. Dios mío, de nuevo esa lentitud apasionada, esa profundidad en el vacío, esa sensación de ser poseída de pies a cabeza sólo desde su boca, me dejó con la boca literalmente abierta y dijo “¿puedo pasar la noche contigo? Donde me quedo puede que ya hayan cerrado el portón”

No hace falta decirles que en cuanto entramos a mi habitación Anita se apoderó de mí. Me fue quitando la ropa tan decidida y tan apasionadamente que ni se dio cuenta de mi combinación austro-peruana. Yo me sentí un juguete en sus manos y lo que primero fueron sus manos, luego fue su lengua, su nariz, su pelo. Había soñado tanto con hundirme en su cuerpo pero ella no me dejó, me tumbó a la cama y empezó a besarme. Pasó por mis senos mientras yo sentía esas agujas sabrosas viniendo de mis pezones, mi barriga, se hundió en mi ombligo y luego en mi pubis. Yo me sentí egoísta y quise moverme, pero ella no me dejó, como insistí se detuvo y me dijo “Eres mala, muy mala, voy a tener que castigarte”. Cogió su cartera y sacó unos pañuelos, cogió mi mano, la beso en la muñeca y amarró un pañuelo a ella y luego a la pata de la cama, luego hizo lo mismo con la otra muñeca (siempre con el besito respectivo). Luego continuó su trabajo, solo que esta vez decidí ser totalmente respetuosa. En vez de ir directamente a mi coño, pasó por él como quien no le interesa y siguió por mis piernas, pasó sus labios suavemente por una de ellas hasta llegar a mis pies “lindos pies Lucía, creo que me los voy a comer” se metió un dedo gordo a la boca y luego pasó la lengua por entre los dedos. Luego levanto mi pierna y empezó a besarme por detrás, llegó a detrás de mi rodilla y sacó la lengua para hacerme gritar. Levantó mis dos piernas y mojó mi ano con su lengua. Luego empezó a meter un dedo en mi ano, primero lentamente, luego más rápido y cada vez más profundo “¿te gusta, mi amor?”, yo, casi gimiendo respondí que sí. “Hoy vamos a ir despacito, ¿está bien?, si corremos mucho, luego no vamos a divertirnos tanto” Llevó su lengua a mi clítoris, mientras seguía jugando con el hueco de mi ano. Luego se detuvo, “Lucía de mi corazón, tú tienes cara de divertirte cuando estás sola, ¿dónde está tu dildo?” Yo sin hablar, voltee y miré mi mesa de noche, “Claro, qué tonta” Abrió el cajón, lo cogió y lo prendió suavecito. Yo suelo ponerlo al máximo y saciarme rápidamente, pero ese cosquilleo suavecito me estremeció al contacto con mi vagina húmeda de la saliva de Anita y de mis jugos “Tengo que enseñarte a tener paciencia” y eso parecía que hacía, jugaba lentamente, parecía que iba a entrar y lo único que hacía era dejar el vibrador en la punta, luego subía al clítoris y luego lo regresaba a la punta, luego incluso lo paseaba por el resto de mi cuerpo. Yo cerraba los ojos y no podía menos que perderme en un mar de placer. Cuando ya estaba por reventar, Lucía se detuvo “quiero que termines en mi boca ¿puedes? Quiero sentirte”. Entonces bajó y usó su lengua como un pequeño pene y mientras eso hacía su lengua, algo hacía con su nariz que lograba acariciarme el clítoris sin necesidad de usar las manos que andaban paseando por mi cuerpo. Cuando terminé sentí como mis espasmos apretaban su lengua y mi trasero casi golpeaba su cara.

“¿y yo?” Quise decirle que yo podía darle placer también, que me diera la oportunidad de meterme en su cuerpo como ella lo había hecho con el mío, pero me lo negó “te voy a montar como a una yegua ¿te parece?” y sin esperar mi respuesta me desató, y luego me volvió a atar, esta vez boca abajo. Se montó sobre mí, pude sentir sus vellos en mi trasero y sus manos en mi espalda y empezó a balancearse sobre mí, podía sentir cómo se agitaba, cómo subía su intensidad, como empezaba a bufar, a gemir suavemente, sentía sus manos jugando en su propio clítoris, en sus propios agujeros. Todo eso también me excitó y aunque ella ya no me tocaba directamente volví a darla y volví a reventar. Cuando terminó, me soltó y me dio un besito “ahora ya me voy”. La vi con cara de signo de interrogación “ahora sí te abren la puerta, Anita”, sonrió y dijo, “Claro, la abren a las 3 de la mañana, ni un minuto antes” sonrió picara y coqueta y se fue.

Y nada más, hoy desperté tardísimo y recién he podido poner en palabras todo lo que sucedió. Ha sido tan maravilloso. Anita es tan rica, pero me parece tan difícil de asir.
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martes, 15 de diciembre de 2009

Pregunta sobre Anita

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Estoy en una disyuntiva y es que Anita no sale de mi mente. Cada vez que cierro los ojos están sus manos recorriendo mi cuerpo. Ayer me pareció verla y estuve excitada toda la tarde. Llegué a casa a masturbarme dos veces casi seguidas. Anoche soñé que me hundía en sus pechos y que de alguna manera podía entrar toda yo en su vagina (sí, como si yo fuera un dildo). Además ando nerviosa y ya todo el mundo se ha dado cuenta de que ando ida.

La cosa es que tengo su teléfono conmigo todo el tiempo y no me atrevo a llamarla. Por un lado esta fuerza que me empuja hacia ella, y por el otro, este estúpido temor a las mujeres, este miedo a que me rechacen, me traten mal o me manipulen. Lo siento chicas pero me ha ido muy mal con las del sexo femenino. Pero, también me digo, no tiene por qué ser siempre así ¿no?

Ya que tengo este medio, decidí hacerles la pregunta, a ver si me dan un aventón. ¿Debo llamar a Anita? Y si pueden, me dicen por qué creen que debo llamarla.

Un beso a todos.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Eva

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Esta es otra historia que me mandaron, espero les guste.


Conocer a una mujer como Eva más que una suerte, es un privilegio. Si además la conoces como en mi caso, virgen y sedienta de saber; es una locura de sexo y desenfreno.
Conocí a Eva con 16 años, bueno primero conocí a su hermano, pero ella tomó protagonismo al instante. Era de esas chicas de belleza delicada que en un primer vistazo puede pasar desapercibida, pero en el segundo vistazo te captura para siempre.
De senos de mantequilla coronados por rosados pezones, de cadera de melocotón con la curva justa para servir de asidero y uno de los sexos más hermosos y estrechos que he conocido.

Me entregó sus primeras pajas, sus primeras mamadas y su virginidad, me consultó en cada relación sexual que tuvo y llegó un momento en el que la alumna superó al maestro.

Nuestros caminos fueron distanciándose y pasaron muchos años sin contacto. Volví a coincidir con ella unas semanas antes de que se casara y, como si el tiempo no hubiera pasado, no pudimos evitar desnudarnos. Redescubrí y besé cada rincón de su cuerpo y me regaló dos corridas bestiales. Ella, por su parte, encadenó 6 maravillosos orgasmos que me trasladaron a otros tiempos. Nos despedimos con un breve beso en los labios y nuestros caminos volvieron a separarse, esta vez sí con la sensación de que era definitivo.

Pero el azar es caprichoso y este verano en una concurrida playa, me distraía mirando a una hermosa joven que de espaldas se quitaba una blusa blanca quedándose con un precioso bikini naranja, un culo precioso, unas piernas lindas y blancas y una cintura de locura. Cuando se volvió, nuestros ojos se cruzaron de nuevo. Allí estaba Eva con su marido, con su hermoso cuerpo y con ese coñito delicioso ligeramente marcado por su bikini. Me miró pero enseguida se sentó y se puso a charlar con él.

No pude quitarle la vista de encima, recordaba muchas cosas, colores, sabores, olores y todo me venía a la mente provocando en mí un embarazoso empalme. A la media hora se levanto sonriendo a su marido y se puso a caminar hacia el bar de la orilla, su mirada me invitó en decimas de segundo, nadie habría visto nada raro ni en su contoneo como una gata, ni en su sensual mirada. Me levanté y aceleré mi paso para alcanzarla cuando dejaba la arena.

La miré a los ojos: "¿Sigues siendo mi putilla?" No me miró para responder:"Fóllame, por favor".
Gracias a la hora y el bullicio creo que nadie noto que entrabamos juntos al baño, ella delante.
Sin tiempo de cerrar la puerta ya tenía su espalda apoyada en mí y su trasero masajeándome la polla. "¿Que me vas a hacer?", ronroneó. La cogí de las muñecas y la apoye en la pared con los brazos en cruz ... "¡No te muevas!", solo bajó la cabeza aceptando como siempre, atrapé sus tetas desde atrás apretándolas y frotando esos pezones que sabía tan sensibles, alternando la fuerza con caricias. Se las saqué del bikini y azoté sus pezones, gimió y busco frotar su culo conmigo. Me detuve y azote su trasero, "No hagas nada que no se te diga, zorra" , se detuvo al instante gimiendo. Aparté la braga de su bikini, ya estaba empapada, como siempre. Con mis pies separé sus piernas y azote suavemente su sexo, con cada azote no podía evitar que su cuerpo se estremeciera.

Ya no necesitaba muchas invitaciones puse mi polla en la entrada de su coño, seguía deliciosamente estrecho, solo le metí la mitad mientras mi mano derecha jugaba con ese clítoris que tan bien conocía. "Métemela por favor", estaba a punto de llegar a su primer orgasmo. Se la saqué le encajé la braga del bikini en el culo y en el sexo "Date la vuelta y chúpamela zorra, y ni se te ocurra al tocarte mientras me tragas desencajarte el bikini"

Se arrodilló golosa y empezó la mamada mientras tiraba del bikini para frotarse con él el clítoris, la agarré de su hermosa melena y le follé con autentica pasión la boca, en cada embestida cerraba los ojos y recordaba todas las veces que había estado así, los abrí cuando su ritmo aumentó y vi como se corría.

La levanté todavía con los ojos vidriosos y le quité la parte de arriba del bikini, "quítate la braga y límpiate los jugos con ella antes de tirarla". Mientras lo hacía solo acertó a decir "azótame por favor" Volví a ponerla de espaldas y la agache quedo con las piernas abiertas completamente expuesta. Se la metí de un solo golpe y en cuanto dio un respingo de la impresión, comencé a azotarle el trasero con mi mano abierta mientras iba alternando entradas suaves con embestidas violentas. Sólo tuve que cogerla del pelo y estirárselo hacia atrás para notar cómo su presión en mi polla crecía y volvía a correrse. "Sigues siendo una zorra maravillosa", me miró a los ojos "La mejor, déjame verte mientras te corres" Se la saque para abofetearla “Como quieras cielo ", le di la vuelta y puse una de sus piernas sobre la taza.
Volví a colarme en su interior mientras gemía "no pares por favor, fóllame, quiero ver tus ojos cuando te corras". Acaricie su culo, su hermoso culo, mientras iba metiéndosela cada vez más adentro y más fuerte. La azoté en las piernas, en los pechos mientras su mirada seguía clavada en mí. Amasé su trasero y pellizque sus pezones mientras notaba que aflojaba las piernas de nuevo y notaba como se corría, sus flujos empapaban el interior de sus muslos.
No pude evitar sacársela y volver a sujetarla con los brazos en cruz mientras me agachaba a colgarme de esa cueva que tan ricos sabores me había dado. Deslice mi lengua entre sus labios empapados mientras ella tenía que apoyar su vientre en mi para no caerse. Mi lengua la visitó por dentro arrancándole su miel mientras la oía gimoteando apoyada en mí, su coño parecía querer alejarse de mi lengua y en cuanto la notaba fuera, sus caderas giraban con fuerza regresando e intentando clavársela más adentro. No aguantó mucho y cuando lo noté con dos azotes en sus nalgas se corrió en mi cara y solo acertaba a decir "por favor, por favor ... métemela"

Le puse una pierna a cada lado y mientras volvía a entrar notaba cómo su coño se estremecía para recibirme, se colgó de mi cuello para poder coger fuerza y bailar sobre mí, su culo persiguió mariposas en el aire mientras su coño daba y quitaba presión sobre mi polla. Su mirada no se apartaba de mí y cuando note que no aguantaba más mordí su cuello mientras me vaciaba en su interior y sin acabar de escurrir ella volvía a correrse mientras alzaba sus piernas de un salto y las enrollaba en mi cintura como una serpiente.

Estuvimos abrazados y encajados hasta que alguien llamo a la puerta. Nos miramos en silencio mientras ella intentaba limpiarse con papel y se vestía y yo me acomodaba el bañador.

La miré a los ojos "Gracias nena eres fantástica", “Nos veremos de nuevo" no supe si era pregunta o afirmación. Besé sus labios y la sorbí despacito mientras acariciaba su culo y salía sin decir nada.

Volví a la arena y me senté a los cinco minutos apareció ella, deslumbrante como el sol, se tumbó junto a su marido y alcancé a verla suspirar antes de que se tumbara.

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domingo, 13 de diciembre de 2009

Mi primer menage a trois

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En estos días dos personas me han preguntado sobre mi relación con las mujeres, y una si he tenido tríos sexuales, lo que los franceses llaman menage a trois. Y entonces decidí contarles esto… Aunque no sin antes advertirles sobre mi certificado de veracidad. Yo voy a contarles historias sobre penes enormes y mujeres voluptuosas, voy a contarles sobre relaciones sexuales que terminan en maravillosos orgasmos y hermosos chorros de semen. Pero también voy a contarles las historias tristes de la realidad humana, esas en las que el sexo funciona bien por partes, en las que el pene no es tan grande y uno termina llorando, en las que las mujeres son maravillosas pero también unas perras basuras, en las que los hombres hacen esfuerzos sobrehumanos para lograr satisfacernos y lo único que logran es un buen momento de voyerismo. Y esta es una de esas historias.

Dante era el tipo más insoportable de la facultad, se sentía todopoderoso, increíblemente inteligente y capaz de todo. Tenía una novia con la que no se entendía bien si estaba o si ya había terminado y tenía la capacidad de contar su lado de la historia de tal manera que tú no podías evitar ponerte del lado de la otra (claro que una vez la conocí y parecía la versión femenina de él, pero eso es otro asunto). Además era medio gordito, blanquiñoso sin gracia y con un movimiento nervioso en el cuerpo que a mí me reventaba.

Carmen era la chica rica de la facultad, nadie la tomaba realmente en serio y había tenido bastantes problemas por su facilidad para llegar a la cama con los chicos. A mí me tenía loca, porque realmente era la chica rica de la facultad. Era pequeñita y mestiza, su pelo era larguísimo y los rasgos de su cara eran simplemente perfectos. Ojos grandes, nariz delgada y fina y unos labios que si no gruesos bastante expresivos. Además era la mar de coquetería y coqueteaba conmigo sin reparos aún sabiendo que a mí me gustaban las chicas. Y, aunque la sintiera superficial y poco hábil para las relaciones estables, me provocaba esa fascinación que provocan las chicas que saben usar el sexo para su provecho personal.

Una noche, para el final de ciclo, Dante nos invitó a todos a su departamento, llevamos mucho trago y, aunque Carmen no paraba con nosotros, también fue. Dante también estaba embobado por ella, y aunque era obvio que jamás la tomaría en serio, moría por un buen polvo con ella. Carmen no tomaba alcohol, y suponiendo que no le haría daño tomar muy pero muy poquito, decidió comprarse un wine cooler. El wine cooler es uno de esos vinos que saben más a fruta que a vino y que tienen el contenido alcohólico de la cerveza. Y claro, el hecho de que el wine cooler pudiera ponerla tan borracha como un vaso de cerveza era algo que Carmen no sabía en lo absoluto. Del principio de esa noche, recuerdo casi nada; por ahí Carlitos se quitó los zapatos y todos gritaron al ver sus horribles pies de uñas largas, también recuerdo que jugamos cartas o algo y recuerdo que Quispe contaba alguna historia absurda sobre lo buen amante que era. Lo que sí recuerdo claramente son los ojos de Carmen torneando y mirándome frescamente, obvio efecto del alcohol. Yo, con mucho más trago en la cabeza y la certeza de que jamás me iba a ligar con ella, coqueteaba como un perfecto caballero, halagando su pelo, su gracia, sonriéndole y dándole besitos volados luego de cada trago de cerveza. Por otro lado, Dante, mucho más audaz, la tenía abrazada y le hacía caricias en el cuello “distraídamente” y también soltaba sus “piropos” diciéndole lo rica que estaba y otras cosas por el estilo. También él se dio cuenta de mis coqueteos con ella, así que propuso un trío de la manera más natural del mundo, pero todos nos reímos como si fuera la cosa más absurda.

En un momento me paré y pregunté dónde estaba el baño, Dante me dio direcciones y cuando me paraba para ir, Carmen se paró y dijo “voy contigo”. En el baño, orinamos una frente a la otra como dos amigas comunes y corrientes y cuando ella se lavaba las manos yo, más por curiosidad que por alguna intensión ulterior le pregunté ¿te atreverías a besar a una mujer?, Carmen sin responderme se me acercó, me plantó un besote enorme en la boca y luego con una sonrisa súper coqueta me dijo “creo que sí” y salió del baño.

Cuando salí del baño, estaba tan excitada que estaba dispuesta a todo, “Carmen, ¿por qué no te quedas a dormir en mi casa?”, le pregunté “Estas loca, Lucía, no puedo, ni siquiera puedo llevarte a mi casa, mi mamá me mata si cambio de planes a última hora” Yo no estaba dispuesta a posponer esto que estaba a punto de reventar dentro de mí y tampoco estaba para sutilezas así que me di cuenta de que sólo tenía una opción y era llevarme a Carmen a la cama de Dante. Así que me paré, me senté en las piernas de él y le dije, ¿querías un trío? Pues aquí lo tienes. Lo besé en la boca y luego jalé a Cármen y la besé a ella.

En menos de dos segundos nuestros amigos estaban fuera de la casa y nosotros en la cama de Dante. Él se recuperó de toda su desesperación en el cuerpo de Carmen y prácticamente se la metió sin preámbulos. Yo, mientras me desnudaba, los veía. Dante demostró ser tan mediocre en la cama como en el resto de sus relaciones personales. En menos de 15 minutos la había dado unas 5 veces y pretendía seguir, sentía que era una especie de perro superdotado que pretendía hacer de Carmen una perra sin gracia. En un momento se acercó a mí y me besó, yo le devolví el beso sin ganas y dejé que intentara metérmela. Estaba tan excitada de ver a Carmen desnuda y húmeda que Dante pudo entrar y tener sus dos minutos de placer. Lo dejé terminar casi sin inmutarme y mientras él se recuperaba, voltee mis ojos, mis manos y mi cuerpo a la mujer que me había traído loca por tanto tiempo. La cogí del cuello y ella entreabrió los labios para preparar su cuerpo para mi beso, pero yo no empecé por sus labios, le besé la cara, los ojos, me enredé en su pelo y luego fui lentamente por su mejilla hasta que por fin me encontré con esos labios que hablaban como ojos mientras miraba a esos ojos cerrados, que tantas veces me habían hablado como brazos abiertos.

Luego nada importó, Dante satisfecho con el trofeo de haber estado en un trío se sentó a un extremo de la cama a observarnos y yo me hice del primer cuerpo femenino que se abría completamente a mí. Nada me iba a quitar el placer de disfrutarla. Bajé lentamente con mi lengua por su pecho hasta llegar a sus tetas, redondas y fuertes pero de una textura suave que yo no había sentido jamás en un hombre. Me inundé de su leche imaginaria, mamando de ella mientras la sentía retorcerse y gemir como loca. Jugué con mi lengua en su pezón, suavemente, pero moviendo la lengua para que sintiera esa ligera punzada que yo sé que se siente cuando manipulan ese botoncito. En un momento estaba tan ensimismada en su belleza que apoyé mi cabeza en su pecho solo para olerlo. Luego empecé a bajar para hundirme en su pubis, olía su cintura fina y aterciopelada y me disponía a bajar cuando sentí su resistencia. Carmen me cogió de los hombros y me echó a la cama mientras ella hacía lo suyo. Ella fue directamente a mi pubis, sentí su nariz paseándose y luego su lengua haciendo su trabajo. Me sorprendía de su habilidad, sentía que alrededor de mi clítoris ella jugaba a sus anchas, iba alrededor de él y luego bajaba con la nariz hasta la puerta de mi vagina. Sentí su lengua tratando de entrar a mi agujero imponiendo presión. Yo gemía de desesperación, y aunque Dante había sido un desastre, la mirada fija de él en nosotras me excitaba todavía más. Había una parte de mí que deseaba estar a solas con ella y había otra parte que se sentía estimulada por la mirada fija de un hombre que yo detestaba y que, sabía, se estaba masturbando mientras nos miraba.

No esperen que les hable de dildos o de penetraciones con objetos, esa noche Carmen tuvo mi cuerpo para enredarse en él y yo el suyo, sus piernas y las mías se entrelazaron y mientras con la mía yo rozaba su pubis, ella hacía lo mismo con el mío. Nos frotábamos como animalitos y gritábamos como locas. Nuestros movimientos se hicieron más fuertes y más rápidos. Yo sentía sus tetas contra las mías y mi pubis contra el suyo, también sentí sus manos en mi trasero apretando mis glúteos y apartándolos como si buscaran apoderarse de mí, yo por mi parte abrazaba su espalda apretándome contra ella como si con un pene invisible la pudiera penetrar. Llegamos al orgasmo juntas, o al menos así lo recuerdo, y luego nos abrazamos más y nos seguimos tocando y besando. Yo no lo imaginé unos minutos atrás, pero ese día Carmen y yo nos hicimos novias. Así que, supongo que debo decir que esto fue sólo el principio de una historia.




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jueves, 10 de diciembre de 2009

Sometiendo a Ana, segunda parte

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Miré como Ana se alejaba hacia la puerta. La minifalda apenas le cubría las nalgas, realzadas por las plataformas de 17 centímetros. Con cada paso que daba el diminuto tanga se alcanzaba a ver y una parte del plug que llenaba su culito. Sus muslos brillaban, mojados por la excitación que llevaba sintiendo toda la tarde. El delantal dejaba su espalda desnuda y el collar que acababa de ponerle le sentaba de maravilla. Se me puso dura cuando, con pasos tímidos llegó a la puerta.  Mientras giraba el pomo aumenté la velocidad del vibrador que llevaba dentro del coño.

Cuando abrió se encontró con Pedro, un chico de unos 30 años. Moreno, alto y el típico cachas. Lo había conocido en el gimnasio, al igual que al resto de mis compañeros de póker. Ana no los conocía ni ellos a ella, lo que me animó a invitarlos diciéndoles que tendrían una sorpresa, sin darles más detalles.

La cara de Pedro era de shock. Se quedó parado unos segundos, comiéndose a Ana con la mirada de arriba a abajo sin entrar. Me acerqué y le dije:

“Pasa Pedro, esta es mi esclava que nos atenderá esta noche mientras jugamos”, dije mientras Ana estaba con la cara roja por la vergüenza que estaba pasando.

Pedro entró a casa y yo apagué el vibrador para dejar que mi novia se repusiera un poco. Le ordené que guiara a nuestro invitado al salón para ponerse cómodo. Mientras iba delante, Pedro no paraba de mirarle el culo y se notaba un bulto en su pantalón. Se sentó en el sofa y Ana se quedó de pie, sin saber muy bien que hacer.

“La putita está aquí para servirnos en lo que queramos”, dije poniéndome detras de Ana y dándole un azote seco en el coño mientras encendí el vibrador. “Si quieres puedes examinarla en lo que llegan los demás, pero no la desvistas que quiero que todos se lleven la misma sorpresa que tu”.
Pedro rió y yo cogí una correa de perro y se la ajusté al collar. Pedro se puso de pie y tiró de la correa hacia el. Ana, desacostumbrada a los tacones, casi se cayó pero él la cogió entre sus brazos, aprovechando para tocar sus tetas y magrear su cuerpo.

“Levantate la falda, putita. Enséñale a nuestro invitado como estás de llena hoy. Dile lo cachonda que estás”

Ana me miró con una especie de odio y lujuria, Vio, en el rabillo del ojo, la cámara que grababa todo y pensó que no tenía mucha opción así que hizo lo que le ordené. Pedro empezó a meterle mano y sonrió cuando sintió la base del plug.

“¿De donde sacaste a esta guarra?”, preguntó mientras metía y sacaba el plug y le tocaba el clítoris por encima del tanga.

“Esta zorra es una pija que nunca pensó en hacer esto, pero ya ves, se pone un poco cachonda y mira en lo que se transforma. ¿Verdad putita? Dile a nuestro invitado lo que eres”, dije azotándole el coño.

Antes de que pudiera responder sonó el timbre otra vez. Ana comenzó a caminar a la puerta pero le ordené parar. “Ponte a 4 patas, perrita, que Pedro te lleve”. Encendí una vez más el vibrador, lo que causó que sus rodillas se doblaran pues no se lo esperaba. Pedro aprovechó para tirar de la correa y rápidamente Ana estaba a 4 patas.

Pedro tiró de ella hacia la puerta y Ana lo siguió obediente. El panorama de mi novia totalmente sometida, cuando horas antes se cabreó porque la llame zorra, era espectacular. Pedro abrió la puerta y esta vez estaban José y Rubén, los dos que faltaban. Primero entró José, hablando sobre cómo pensaba quitarnos la pasta esa noche y se fue directo al salón, sin siquiera notar la presencia de Ana que se había puesto detrás de Pedro, supongo que para evitar que la vieran desde el pasillo. Rubén sí que la vio y se quedó parado unos segundos, mientras Pedro tiraba de la cuerda para exhibirla. Después de unos segundos dijo: “bonita mascota” y sin mediar palabra se bajó la bragueta y comenzó a golpear la cara de Ana con su polla que se fue poniendo dura. Yo aproveché para aumentar la potencia del vibrador al máximo, lo que produjo un grito en Ana que inmediatamente después empezó a buscar la verga con la boca. Rubén aprovechó para metérsela y follar su boca unos segundos tirándola del pelo.

“Está buena la perra”, dijo Rubén, “se ve que le gusta”. Sacó polla de la boca de Ana y se la guardó en el pantalón. Pedro tiró de la correa hasta el salón y al llegar le dijo: “Ponte de pie putita para que te vean”. Ana obedeció y seis manos comenzaron a recorrer todo su cuerpo, tirando sus pezones, dándole nalgadas y metiendo los dedos en su raja descaradamente. Rápidamente perdió el delantal y mientras Rubén pellizcaba y tiraba de sus pezones, José empezó a meter y sacar el plug. Ana sólo gemía y jadeaba como perra en celo.


“No excitéis mucho a la zorra”, anuncié mientras apagaba el vibrador, “que lleva toda la tarde esperando correrse y vamos a asegurarnos de que nos atienda bien antes de dejar que tenga placer”.  “Antes de que llegaran”, recordó Pedro, “esta guarrilla estaba a punto de decirnos algo”. La azotó en el culo y le dijo: “anda, dínoslo”.

Ana recorrió la habitación con los ojos, mirándonos a todos fijamente mientras se mordía el labio. Finalmente dijo: “Seré vuestra zorra esta noche, haré todo lo que me digáis. Pero por favor folladme y usadme como os plazca. Quiero ser vuestra putita”.

“Pues entonces por qué no nos sentamos a jugar y dentro de un rato la usamos, no se vaya a cansar”, dijo Pedro riendo mientras se acomodaba en la mesa. Los demás le seguimos, poco a poco, dejando a Ana jadeando junto al sofá sin percatarse de que nos alejábamos y de que nadie estimulaba su cuerpo. Supongo que habría estado a punto de correrse pero que el estímulo no fue suficiente.

Nos sentamos en una mesa de cristal redonda, mientras Ana seguía junto al sofá, perdida en las sensaciones así que le grité: “Putita, deja de tocarte y ven con los invitados a ofrecerles algo de beber”. Ana se acercó y se paró entre José y Rubén mientras todos le fuimos diciendo lo que queríamos beber. Verla en tetas y con una minifalda frente a cuatro tipos que no paraban de meterle mano era sin duda lo más excitante que había visto hasta ahora. La pobre se fue a la cocina zigzagueando y comenzamos a repartir cartas.


Tras varias partidas Ana volvió con una bandeja con nuestras bebidas. Cuando la vi acercándose, encendí el vibrador al máximo y comencé a verla haciendo malabarismos con la bandeja hasta que tropezó a causa de los tacones y se cayó todo al suelo.

“Zorra estúpida”, le grité. Ven aquí a recibir tu castigo. Ana me miró a lo lejos y se acercó cabizbaja a la mesa mientras todos la observaban expectantes. “Ve con Rubén y pídele que te de diez azotes como castigo”.

Ana caminó hacia él y Rubén le ordenó que cogiera sus tobillos y se subiera la falda. Ana hizo lo que le ordenaba ese extraño y pronto todos podíamos ver su espléndido culo con la base del plug sobresaliendo. El tanga brillaba de lo empapado que estaba mientras Rubén se quitó el cinturón y soltó el primer azote en las nalgas de Ana que gritó, una mezcla de pero a la vez un jadeo.

“Gracias”, dijo Ana cuando sintió el primer impacto. Rubén continuó azotándola, cada vez con más fuerza, y Ana agradeció cada uno de los azotes a pesar de que nadie se lo había ordenado. Cuando terminó su culo quedó rojo con las marcas del cinturón. Rubén le ordenó que se incorporara y vimos lágrimas en sus ojos pero a la vez una mirada de lujuria que nunca había visto.

“Ahora ve a limpiar el desorden que hiciste, putita, y trae nuestros tragos”, le ordené mientras repartía las cartas. Tuvimos unos 15 minutos para jugar sin distracciones. Vi a Ana acercándose pero esta vez no traía la bandeja, sino solo una copa. Encendí el vibrador pero esta vez lo esperaba así que aunque se balanceó un poco no tiró nada. Lo dejó en el sitio y tras 3 interminables viajes de ida y vuelta a la cocina, Ana cumplió su misión y se paró junto a la mesa, distrayendo nuestra atención de la partida. “Ponte a 4 patas, putita”, le ordené “y ve con Rubén a terminar lo que empezaste en la puerta”.

Encendí el vibrador a lo más bajo y Ana empezó a gatear hacia él. Se puso frente a sus piernas, debajo de la mesa, y le bajó la bragueta. Los demás podíamos ver todo a través del cristal de la mesa. Aunque seguíamos jugando, todos estábamos más pendientes de lo que hacía Ana que empezaba a lamer el pene de Rubén de arriba a abajo mientras lo cogía con una mano. Rubén volvió a golpear su pene contra el rostro de Ana, dejándolo bastante mojado. Después cogió a Ana del pelo y le metió toda la polla en la boca. Era muy grande para ella que empezó a protestar y a tener arcadas pero a Rubén le importó poco y empezó a usarla como si fuera un coño. El maquillaje de Ana se corrió y su cara estaba llena de su propia saliva. Después de unos cinco minutos en los que paró la partida, Rubén le ordenó que lo pajeara y poco después se corrió en toda su cara. Por segunda vez en su vida, y todo el mismo día.

Ana salió de debajo de la mesa para ir hacia el baño pero la detuve del brazo. “¿Dónde crees que vas putita? ¿Y los demás qué?”

Ana me miró desafiante pero se dirigió a Pedro y con voz de niña la preguntó: “¿Me dejarías comerte la polla?” Pedro no dudó en decir que sí y se bajó la bragueta mientras Ana, a 4 patas, gateaba debajo de la mesa hasta ponerse frente a el. Empezó a lamerle los huevos , metiéndoselos en la boca, mientras Pedro la animaba diciéndole lo puta que era y que cómo se notaba que le gustaba comer pollas. Ana seguía a lo suyo, subiendo poco a poco con la lengua, entreteniéndose en el glande mientras lo pajeaba con la mano. A estas alturas nadie prestaba atención a la partida. José, incluso, metía y sacaba el plug y los jadeos de ella se distinguían a pesar de la polla en su boca. Después de unos minutos así, Pedro explotó y Ana lo tragó todo, sin derramar una gota…

“Mmmmmm, qué rico”, teatralizó Ana. Sin que nadie le dijera gateó hasta José, le bajó la bragueta y comenzó a mamársela otra vez. Cuando intentaba metérsela en la boca, José cogía su polla con la mano y le daba golpes en la cara, esparciendo la lefa que tenía de las corridas previas mezclada con su saliva. Estaba echa un asco, pero nunca la había visto tan sexy. Yo, mientras tanto, cambiaba la intensidad del vibrador… José sin decir palabra se puso de pie y empezó a pajearse hasta que se corrió sobre la mesa. Después cogió a Ana del pelo, la puso de pie y acercó su cara a la mesa: “Límpialo putita, sabemos que te gusta”.

“Si amo”, respondió y comenzó a limpiar la mesa mientras José le metía los dedos en el coño. Cuando lo dejó todo limpio se dirigió a mi.

“Ponte de rodillas y metete mi polla en la boca putita y no hagas nada más. Quiero probar si me traes suerte en el juego, así que no me distraigas”, le ordené. Ana se puso a 4 patas caminó hasta estar entre mis piernas y se metió la verga en la boca. La sensación fue incredible, tenía un calentón tremendo de ver como se había comportado hasta ahora.


Tuve asi a Ana como 45 minutos, mientras jugábamos a las cartas y empezaba a tener una buena racha. Pasado ese tiempo, estaba cada vez más caliente, me costaba mucho concentrarme y mi suerte empezó a cambiar. Los demás, respuestos ya de sus corridas, comenzaban a mirar cada vez más la boca de Ana inmovilizada sobre mi polla.

“Sal de ahí abajo, putita”, le dije a Ana tirando de la correa que todavía llevaba, “Ponte de pie junto a mi, guarra, y cogete los tobillos”.

Ana obedeció sin rechistar. Llevaba más de 8 horas siendo estimulada y se notaba que lo único que le interesaba a estas alturas era correrse. Cuando tuve su culo frente a mí le quité el tanga y se lo metí en la boca. Después quité el plug que llenaba su culito. Tenía el ano totalmente dilatado.

“Señores, yo me retiro un rato de las cartas para follar por el culo a esta zorra. Aunque la vean así de guarra ese agujero es virgen. Hasta esta noche ni siquiera me había dejado correrme en su boca. Pero ya ven lo puta que en realidad es mi novia. Si alguno de ustedes quiere usar algun otro de sus agujeros, adelante”. Dicho esto le escupí en el ojete y metí un dedo para lubricar bien. Mi polla estaba empapada y durísima de haber estado en la boquita de Ana así que sin mediar palabra se la metí de un solo golpe.


Ana pegó un alarido, ahogado por las bragas que tenía en la boca. Tiré de su pelo y lo empecé a usar para coger impulso mientras embestía su culo. Los demás sólo miraban aunque después de unos minutos así, Rubén decidió pellizcar sus pezones mientras Pedro le comía el coño. Yo bombeaba cada vez con más fuerza y Ana se corrió por primera vez esa tarde. Además del alarido que soltó, todos nos dimos cuenta de lo que estaba pasando porque la muy zorra eyaculó, tirando un chorro de flujo sobre el parqué. Algo que nunca había hecho antes.

Al verlo no pude aguantar más y tuve una de las corridas más intensas que recuerdo, llenando su culo de leche. Cuando me recuperé saqué la polla de su culo y me puse frente a ella. Ana sabía lo que tenía que hacer y se la metió a la boca hasta que la dejó totalmente limpia.

“Le voy a follar el coño”, dijo José, “A ver que tan mojada está esta puta”. Se sentó en el sofá mientras Ana se hincó frente a él dejando sus tetas para que pudiera tirar de ellas. Mientras la follaba le ordenó que se inclinara hacia él y que se separara las nalgas. Ella sabía lo que venía.

“Siempre he fantaseado con una doble penetración”, gritó mientras José taladraba su coño.

Yo, mientras tanto, estaba en otro sofá fumando un pitillo y tomando fotos y vídeo del momento. Rubén se puso detrás de ella y la empezó a penetrar el culo. Cuando estuvo llena ambos comenzaron un vaivén mientras ella no paraba de jadear y de pedir más. Se corrió una vez más mientras la follaban así y Pedro aprovechó para acercarse a su boca y que se la mamara.

Ana estuvo así un buen rato, siendo usada como un trozo de carne por los tres chicos y se corrió al menos tres veces más. Rubén le ordenó ponerse de rodillas. Ana lo hizo y éste comenzó a masturbarse en su cara hasta que se corrió. Los demás lo imitaron y poco tiempo después Ana estaba con semen de la cabeza a los pies. Se veía exhausta, pero feliz. Los chicos se vistieron y les pedí que se marcharan. Cuando estuve solo con Ana le di un beso y le pregunté:

“¿Te gustó?” “Me encantó. Me da vergüenza decirlo pero nunca imaginé hacer algo así y la verdad es que me encantó. Nunca había disfrutado tanto.

La miré con ternura y la besé, probando la leche de los hombres que la habían usado esa tarde. Después le dije al oído:

“Todavía no he usado tu coño y estoy cansado así que móntame, putita” Ana me miró, me besó de nuevo y me susurró al oído: “¿Podemos ver el video de esta tarde mientras me follas?”


Autor: Amo123


Chicas para ti .....

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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Toda una selección femenina de vóley para mí

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Ayer se vio vóley en la tele peruana. Jugó el equipo de menores contra el equipo de juveniles, toda una tira de niñitas jovencitas saltando y golpeando los pies contra el suelo, las manos contra la pelota y dando saltos por todos lados. Yo estaba súper cansada y en medio del segundo tiempo me quedé dormida. A las 3 de la mañana desperté mojada, agitada y con la tele prendida. A qué no saben qué soñé.

Estaba en el vestidor de las chicas, no eran las de verdad, pero todas estaban con uniforme de vóley. Sólo que este uniforme era más chiquito, dibujaba más sus tetas y el short era tan chico que podía ver la línea que separaba sus traseros de sus piernas. Estaban entrando mientras reían y conversaban, parecía que estaban contentas, que habían ganado. Llegaron y mientras se quitaban la ropa empezaron a abrazarse y a besarse, primero parecía una cosa muy amistosa, pero luego me di cuenta de que sus manos furtivamente iban tocándose, primero como quien no quiere la cosa y luego con frescura, como si quisieran comerse.

Yo, al principio no entendía qué hacía ahí, pero luego lo comprendí, yo era la entrenadora, yo era “doña Bárbara” (es un apodo que le han puesto a la entrenadora de juveniles porque es bastante salvaje para llamarles la atención). Sentí una rabia desde adentro y empecé a regañarles “¿Qué mierda están haciendo?, ¿acaso creen que porque ganan un partidito van a tener esas libertades? Si van a hacer cochinadas, las van a hacer en orden” Entonces todas las chicas se pusieron en fila y empezaron a quitarse la ropa. Se veían incluso mejor sin ropa que con esos shorts apretaditos. Sus cuerpos estaban moldeados por los ejercicios y por la alimentación balanceada de la federación.

Después de quedar desnudas, se pusieron en firmes, mirándome fijamente, con los pechos subiendo y bajando por la agitación y angustiadas por lo que yo pudiera decirles: “ahora, grupos de tres, ustedes 69, ustedes tres traen al muchacho de siempre y ustedes tres… se encargan de mí”

Si, en ese instante las primeras tres se pusieron en triangulo, cada boca en el clítoris de otra y pude ver por unos segundos como mientras sus bocas jugueteaban con esos jugos que la otra derramaba las manos iban a jugar entre traseros y tetas. El siguiente grupo ya venía con un muchacho de no más de 20 años, que era prácticamente arrastrado. Él, no ponía resistencia pero tampoco se le veía demasiado aturdido. Lo desnudaron y, mientras una se dedicaba a su pene, la otra le ponía el pubis en la boca y la tercera se encargaba que las dos tuvieran excitación extra, lamiendo tetas y traseros y disfrutando del espectáculo de manera parcialmente activa. El tercer grupo esperaba a que yo terminara de observar a las otras y revisar que hicieran un buen trabajo. Estaban paradas esperándome. Yo me paré entre ellas y sin dudarlo, como si ya estuvieran entrenadas, me fueron desnudando poco a poco. Mientras una bajaba mi buzo, la otra me quitaba la casaca y la otra, los zapatos. Luego, pasó lo mismo con mi ropa interior, quedé completamente desnuda en medio de tres cuerpos alucinantes que, era obvio, se desvivían por contentarme. Entonces empecé a sentir sus cuerpos en el mío, era como si todo mi cuerpo tuviera una piel qué tocar. Una de ellas me besaba el cuello y las tetas, la otra disfrutaba de mi clítoris y la última se encargaba de mi trasero. Mientras sentía la lengua de una jugando con mis pezones, también sentía los labios de la otra mordiendo suavemente mi clítoris y los dedos humedecidos de la tercera jugando a entrar y salir de mi ano. De repente sonó un timbre y como por arte de magia, todas cambiaron de lugar, las que estaban en 69 fueron a ver al muchacho, las que estaban conmigo fueron al 69 y el tercer grupo vino conmigo. Pero esta vez me encargué de meter mi cabeza entre dos tetas enormes, disfrutar de unos pezones duros y calientes mientras las otras dos se encargaban de frotar su cuerpo contra el mío y hacer que yo sienta sus piernas entre las mías. Así, antes de que llegaran las últimas tres, llegué al orgasmo y desperté. Pero aún despierta seguía estando excitada, y con las imágenes que todavía tenía en mi mente de todas esas mujeres perfectas dando vueltas alrededor de mí haciéndome gozar bajo mis órdenes marciales, metí mis dedos (que con la excitación fueron tres y luego cuatro) a mi vagina y empecé a frotarme fuertemente. Y lo terrible es que ahí estaba Anita de nuevo, con ese olor fuerte de su cuerpo contra el mío, esa habilidad para poseerme, esa fuerza con la que reventó dentro de mí. Y ahí la vi, hermosa y caucásica, pálida y con los labios inflamados de emoción, vestida de rojo y blanco con un uniforme increíblemente pequeño para su cuerpo, frotándose contra mí para llegar juntas a mi segundo orgasmo. Creo que hoy la llamaré, desde eso que pasó no puedo dejar de pensar en mujeres, y cada mujer que veo en la calle, se convierte en Anita.


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